Joven UANL


Triunfo del humanismo y la ciencia


Publicacion:25-09-2018

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La Universidad Autónoma de Nuevo León surge en 1933 como una respuesta a la creciente necesidad de contar con un organismo de educación superior.

La Universidad Autónoma de Nuevo León surge en 1933 como una respuesta a la creciente necesidad de contar con un organismo de educación superior, formador de profesionistas que participaran en una transformación social más justa.

 La constancia de unos cuantos antiguos hombres, empeñados en ampliar a toda costa los horizontes del conocimiento para el pueblo nuevoleonés, fue la única fuerza capaz de superar escollos nacidos de la ambición política, esa que tantas veces amenazó con frenar el vaivén de esta cuna espiritual universitaria, mantenida durante ochenta y cinco años por una flama que mana ciencia y humanismo.

También sus raíces antiguas, las más en toda la región, han jugado un importante papel para el desarrollo y crecimiento de la Universidad Autónoma de Nuevo León institución que hoy día proyecta su “Fuerza a través de los primeros sitios en disciplinas académicas y deportivas, así como con su preponderancia en la investigación tecnológica.

Desde noviembre 4 de 1857, cuando se decretó la creación del Colegio Civil, los aires del conocimiento invadirían para siempre las tierras nuevoleonesas, aunque este surgimiento estuviera marcado por el tono político que caracterizó la administración del gobernador Santiago Vidaurri, por esos días en que los territorios de Coahuila y Nuevo León eran uno solo.

Entonces la preocupación más clara fue el sostenimiento económico del plantel, de ello da cuenta el artículo 2o. del decreto.

“Son fondos para el Colegio Civil: - Un contingente de todas las municipalidades de un tres por ciento de rentas; - una pensión que pagarán por su asistencia los alumnos internos; - la cantidad de cuarenta pesos que pagará cada abogado y escribano que se reciba, al expedirse su título; y la mitad de las herencias vacantes”.

 También se contempló "la cantidad de cuatro mil pesos que por esta vez señala de los fondos públicos, cubiertos que sean los gastos de administración, para que el Gobierno lleve a efecto esa ley, mandando empezar la construcción del edificio” y algunos otros.

Sin embargo, la delicada situación política y militar del Estado creada por el distanciamiento entre Vidaurri y el presidente Benito Juárez, hizo que pasaran dos años antes del decreto definitivo, emitido con fecha del 30 de octubre de 1859.

El Colegio Civil inició sus cursos el 5 de diciembre de 1859, nació como una pequeña universidad, anexa de las escuelas de Jurisprudencia y Medicina.

El 15 de octubre de 1870, ante una numerosa concurrencia, el doctor José Eleuterio González pronunció durante el discurso inaugural: “Once años mendigó este pobre colegio un asilo y anduvo errante por diferentes domicilios hasta que hoy, gracias a la paternal solicitud del gobierno, logra la felicidad de abrir el duodécimo año de sus lecturas y fijarse definitivamente en este lugar, que reúne las mejores condiciones de salubridad y las más cómodas ventajas para el estudio”.

 Pese a ello, en el año 1877 se produce la separación de las mencionadas escuelas de estudios profesionales, para dedicarse cada una a su respectiva educación profesional, marcando así el primer precedente de los cambios dentro de la institución.

Todo transcurrió “normalmente” en las décadas posteriores, porque el Colegio Civil supo afrontar los estallidos sociales y violentos que caracterizaron el cambio de siglo en la mayor parte de la República Mexicana. De sus estudiantes fueron formándose hombres que cimentaron el perfil industrial y comercial de la gran ciudad regiomontana.

“Una escuela es una comunidad de alumnos y maestros que conviven en un ambiente de cultura. El Colegio Civil, la institución más antigua, ha creado en Nuevo León y en el Norte de México un auténtico clima intelectual. De sus gloriosas aulas han salido la mayor parte de los profesionales, hombres de letras y de empresa que laboran tesoneramente en esta región septentrional de la patria”, aprecia Genaro Salinas Quiroga en su libro "Reseña Histórica de la Universidad Autónoma de Nuevo León”.

Del ámbito tradicionalmente rural, aunque con una creciente población, Monterrey se propuso trazar el camino hacia la urbe, iniciando con las conciencias de sus protagonistas, igualmente preocupados por concentrar la educación superior para fortalecerla y especializarla.

De la efervencia estudiantil, surge el 29 de octubre de 1932 un documento petitorio firmado los comisionados de las Delegaciones de las Escuelas de Jurisprudencia, Medicina, Colegio Civil, Normal y Farmacia de Estado de Nuevo León, sometiendo a consideración de la XLIV Legislatura del Estado un proyecto de organización de una universidad aquí.

"Considerando oportuno dar forma a un anhelo que ha venido palpitando hace tiempo en el ambiente estudiantil y cultural del pueblo nuevoleonés y movidos por el impulso ingente en los habitantes de este Estado hacia el progreso, los estudiantes de Monterrey nos hemos propuesto organizar una universidad, que habrá de ser la cuna espiritual de generaciones que sabrán ocupar el lugar que les corresponde entre sus semejantes, hombres que habrán de consolidar mañana la plenitud de nuestro México”, estimaron.

El Congreso del Estado, en sesión del 7 de diciembre de 1932, acogió tal iniciativa y por considerarla de vital importancia, ordenó se turnara inmediatamente a la Comisión de Justicia e Ilustrucción Pública, para su estudio y dictamen, el que se formuló favorable.

El Porvenir, ese mismo día, consignó palabras del gobernador, Francisco A. Cárdenas: “Aspiramos a que la Universidad de Nuevo León nazca con sentido de las realidades y tome como base principal de su futuro edificio todo aquello con que ya contamos; creemos que es una oportunidad para el mejoramiento de nuestras escuelas profesionales el elevarse a la categoría de Facultades universitarias, esperamos que quienes hasta hoy han trabajado tan eficaz y tan desinteresadamente en ellas, nos sigan prestando su concurso, pues los problemas económicos que se presentan con la creación de la Universidad deben ser resueltos con la cooperación de todos”.

Los encabezados del mismo diario se sucederían así: el 10 de julio de 1932 “La Universidad del Norte debe corresponder a cinco estados”, el 12 de octubre “Intensa y vigorosa acción social pro Universidad”, el 15 de octubre "los estudiantes celebran una junta general”, el 19 de octubre “Los estudiantes celebran una nueva junta para tratar acerca de la Universidad”' y del 21 del mismo mes y año “Se formará, dice el gobernador, la Ciudad Universitaria”.

El “Regiomontano universal”, don Alfonso Reyes, desde Río de Janeiro, acreditado como embajador mexicano, formula su célebre “Voto por la Universidad del Norte”, que suscribió en dicha ciudad el 6 de enero de 1933 y aparece en El Porvenir el 12 de febrero del mismo año: “De tiempo atrás tenemos escuelas profesionales, escuelas que por decirlo así se mantienen al lado de la vida comercial y fabril, a modo de un lujo que la ciudad podía pagarse. No seré yo quien niegue sus títulos, yo por tantos conceptos apegado cariñosamente a la historia de Monterrey.

“Pero no penséis que tales instituciones bastan; no penséis que basta añadir una escuela de ingenieros y otras bellas artes a la de médicos y a la de abogados, y envolverlas todas en cierto tejido conjuntivo, para crear una Universidad.

“Entiendo más bien que la creación de nuestra Universidad significa un cambio de acento en la atención pública; la cultura, que antes carecía como al lado, pasará a constituir el núcleo, el meollo”.

Don Pedro de Alba, como organizador de la Universidad, presidió las 15 sesiones del Comité Organizador y fue el alma en todas sus tareas.

Le correspondió estar pendiente de la votación para nombrar Consejeros Universitarios, maestros y alumnos por cada plantel, instalar el primer Consejo Universitario, intervenir en las discusiones de la primera Ley Orgánica y que se designara la terna para rector; además, elaboró el Plan de Estudios del Bachillerato, de la Normal y Facultades.

Para el 31 de mayo de 1933, el gobernador Cárdenas promulgó la primera Ley Orgánica de la Universidad, recibiendo de inmediato la anuncia del secretario de Educación Pública, Narciso Basaols Batalla, igualmente de la XLIV Legislatura en su Decreto 94.

La Universidad quedó integrada con las facultades de Filosofía, Ciencias y Artes, Derecho y Ciencias Sociales, Ingeniería, Química y Farmacia, la Escuela Normal, la de Bachilleres, la Industrial y Preparatoria “Álvaro Obregón”, la Industrial de Labores Femeniles “Pablo Livas”, la Biblioteca Central y el Departamento de Extensión Universitaria.

En octubre 21 de 1933, el Periódico Oficial informa que el presupuesto de la Universidad sería ampliado hasta 22 mil 400 pesos, pero las primeras cifras globales documentadas aparecie-ron el 16 de septiembre de 1934, asentando que la población escolar era de mil 864 alumnos y 218 profesores, cuyo sostenimiento importó anualmente 264 mil 813 pesos con 54 centavos.

 La efervescencia de ideologías en todo el país provocó nuevas ambiciones entre la población universitaria, que logró establecer la Universidad Socialista tras la derogación de la primera Ley Orgánica, por decreto del 28 de septiembre de 1934 y en virtud del mismo el Gobierno del Estado recuperó los bienes y facultades que había confiado a la administración.

Esto significó que la Universidad se declarara desaparecida, sobre todo porque antes del decreto, el mismo Colegio Civil padeció una toma por grupos de estudiantes.

El decreto concedería amplias facultades al Ejecutivo para utilizar en beneficio de las clases proletarias y de la reorganización de la reforma educativa socialista, el monto de las partidas asignadas al presupuesto de la Universidad de Nuevo León.

Crónicas y datos históricos consignan que lo más lamentable de esta transición señalan fue qué nunca se concretó tal proyecto.

La segunda Ley Orgánica, promulgada el 18 de agosto de 1943, establece de nuevo la Universidad, siendo designado rector Enrique C. Livas, puesto que ocupó hasta 1948.

“Se establece en el Estado una corporación pública con personalidad propia y capacidad jurídica en los términos de la presente ley, que se denominará Universidad de Nuevo León, con sede en la ciudad de Monterrey”.

La tercera Ley es de marzo 26 en 1971 y estuvo vigente solamente dos meses y ocho días, o- sea hasta el 15 de junio del propio año, en que expidió la cuarta Ley Orgánica, que actualmente rige, los destinos universitarios.

Fue entonces cuando la institución consiguió su autonomía, aunque la promulgación de esta ley provocara la renuncia del gobernador Eduardo A. Elizondo, quien se retiró por estar en desacuerdo con las ideas que encauzaron los pasos de la Universidad Autónoma de Nuevo León



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