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Tocan especialistas fibras sociales del estudiantado

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Autor:Alberto Medina Espinosa   |    Publicacion:17-01-2019

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Tocan especialistas fibras sociales del estudiantado

Monterrey, N.L.-Para conocer a fondo el desarrollo social de la nación y poder plantear mejoras en un futuro en las políticas públicas que ayuden al desarrollo de México regios realizan diversas investigaciones desde la academia en pro de la esperanza y la resistencia en viviendas irregulares.
Así, bajo esta visión de Ricardo Toledo Castellanos, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, ofreció la conferencia “Expresión, resistencia y esperanza. Las luchas por la vivienda y sus ecos en la producción artística contemporánea de Colombia” en la Universidad de Monterrey.
Dicho ello se vio que las varillas que sobresalen como antenas de los techos de casas “autoconstruidas”, esperando un piso más, crean un fenómeno visual a la vez que un rasgo social de familias instaladas en asentamientos irregulares, que se replica en ciudades de toda América Latina, de acuerdo con un estudio realizado por Ricardo Toledo Castellanos, compartido a alumnos de la Universidad de Monterrey.
“No siempre les alcanza para construir (…) las varillas son la esperanza, la más clara señal de que dentro hay una familia que sueña con que las cosas van a estar mejor”, señaló el profesor de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.
Además el investigador colombiano ofreció la conferencia “Expresión, resistencia y esperanza. Las luchas por la vivienda y sus ecos en la producción artística contemporánea de Colombia”, esta mañana en la Sala Polivalente del Centro Roberto Garza Sada de Arquitectura, Diseño y Arte, en el marco de la VIII Feria Internacional UDEM, dedicada al país de Colombia.
“Hay una relación muy importante entre dos fuerzas: la resistencia en varios sentidos, la de los materiales y la del ‘aguante’, el permanecer en el territorio; y, después de resistir, se trata de soñar cuándo podrían terminar sus casas y cuándo estarían mejor las cosas”, explicó el catedrático.
Toledo Castellanos refirió que, en Colombia, las familias de esos asentamientos deben construir los cimientos y columnas con rapidez, con materiales firmes: cemento y hierro, para que el Estado no los desaloje y destruya lo construido.
Y es que cuando se pueden construir las bases, continuó el conferencista, ya la cuestión es buscar los medios para empezar a construir las paredes, ponerle puertas y ventanas.
“Mi trabajo consistió en buscar la parte de la vivienda en que se reflejaran las fuerzas de resistencia y esperanza, que es todo aquello que se hacía, pero se soñaba con una etapa sucesiva, con un siguiente piso, una pared más en el futuro, cuando todo esté mejor”, indicó.
Para el profesor del Departamento de Artes Visuales en la Universidad colombiana comentó que una de las características de la vivienda de “autoconstrucción”, que él llama también “casas expresivas”, son imaginadas de adentro para afuera.
Además, su condición de vivienda que se construye a lo largo de muchos años se plasma en los materiales o los colores que van cambiando y termina exhibiendo sus diferentes etapas de construcción: “tienen muchos tiempos acumulados”.
“Siempre hay un pedazo más qué hacer después, hay partes sueltas, varillas que a veces sobresalen de las plantas de arriba, esperando un piso más, y esas varillas las llamo esperanzas”, sostuvo.
En la investigación “La ciudad como matriz de territorios”, el profesor invitado participó con su estudio sobre la “autoconstrucción”, que se emparenta con diferentes publicaciones en Ecuador, Chile, Uruguay, Venezuela, Brasil y Colombia.
Toledo Castellanos tendrá una estancia de dos semanas en las que trabajará en un taller con estudiantes de la UDEM, de la Escuela de Arquitectura, Diseño y Arte, además de otras actividades en la ciudad.
ANALIZAN MEJORAS SOCIALES
En este orden de desarrollo en investigaciones del campo social se habló por académicos sobre la “Justicia y perdón es posible”, esto de cara al activista colombiano Leonel Narváez, fundador de las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ESPERE) –activas en 21 países–.
Y es que el actual presidente de la Fundación para la Reconciliación, ofreció la conferencia “¿Perdón o justicia?” en la Universidad de Monterrey.
“¿Sabían ustedes que hay el placer del odio?”, preguntó Leonel Narváez, mientras el silencio se redobló por las filas de butacas en la sala del Teatro UDEM, en donde permanecían expectantes alumnos, profesores, directivos e invitados especiales de la Universidad de Monterrey.
“El odio da mucho placer y, en menos de nada, se vuelve ideología y, también en menos de nada, se puede convertir en movimiento; entonces, hay movimientos que prácticamente fomentan el odio”, sostuvo el fundador de las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ESPERE) –activas en 21 países– y actual presidente de la Fundación para la Reconciliación.
“En esta sociedad actual nuestra, hay una economía política del odio, que son esos líderes que saben vender odio para ganar votos; normalmente, (el odio) viene del cenit y baja a las clases sociales y se convierte en cultura de la venganza y una nutre a la otra”, sentenció.
“¿Perdón o justicia?”, preguntó a los asistentes, así como Narváez –quien participó tres años en el Comité Temático de negociaciones con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) – tituló su conferencia magistral, como parte de la VIII Feria Internacional UDEM, dedicada a Colombia.

“No se debe decir ‘justicia o perdón’, sino ‘justicia y perdón’; quiero que entiendan que no se excluyen”, expuso.
El sacerdote misionero de la Consolata recordó que la primera decisión política sobre la guerrilla de Colombia y del presidente que ganó el Premio Nobel de la Paz, Juan Manuel Santos, fue: “vamos a negociar (…) ustedes no saben lo difíciles que fueron esos cuatro y medio años en Cuba”, mientras los colombianos estaban divididos entre la justicia restaurativa y la punitiva, esta última con más adeptos.
“Cuando no tenemos la capacidad de negociar y que haya un gane-gane, nosotros no estamos favoreciendo buenas relaciones humanas”, afirmó.
A Colombia, el conflicto armado de 52 años le costó 300 mil muertos –la mayor parte motivadas por las tres "R": “rabia, rencor y retaliación” –, 8.5 millones de víctimas y mucha pobreza.
Los acuerdos a los que se llegaron incluían la creación de una Comisión de la Verdad y otra comisión para la búsqueda de desaparecidos (calculados en 80 mil), la instauración de una justicia especial para la paz (con 58 magistrados), amnistías e indultos, agentes para la reintegración de los combatientes, una Unidad para la Reforma Agraria y otra para las Víctimas, así como el reconocimiento de las FARC como movimiento político, para lo cual se otorgaron 10 curules en el Congreso.
Asimismo, se establecieron tres tipos de penas: de cinco a ocho años de restricción de libertad (en ranchos o cooperativas) para quienes reconocieron su responsabilidad; de cinco a ocho años de cárcel para quienes reconocieron su responsabilidad antes de la sentencia, y entre 15 y 20 años de prisión para quienes no reconocieron su responsabilidad y fueron hallados culpables.
Posteriormente, narró Narváez, las bandas criminales pidieron su propia negociación de sometimiento a la ley y el Congreso de aquel país aprobó una iniciativa legislativa en este año, en la que se incluyó la “favorabilidad jurídica” para someterse a la justicia, la garantía de la empleabilidad y el fortalecimiento de la educación para la paz.
El también filósofo y sociólogo reveló que el Índice de Paz México encontró evidencia para el país de un colapso para la paz en toda la sociedad, más allá del crimen organizado, ya que este rubro produce no más del 50 % de los homicidios, mientras que el resto es “violencia societaria”.
Este mismo índice señaló que, en 2017, la violencia aumentó un 10.7 %; el 69 % es por arma de fuego –con un aumento de 36 % de uso de armas más que el año anterior–; la violencia doméstica aumentó un 32 %, y el costo económico de la violencia se incrementó un 15 %, para un total de 634 billones de pesos.
En el caso de Nuevo León, las estadísticas de 2017 indican que la entidad se volvió 15 % menos pacífica, lo cual se generó por un incremento de 40 % en la tasa de homicidios, y los delitos con violencia aumentaron más de 15 % con respecto al año anterior.
Entre las propuestas del activista colombiano para la paz en México, figuran el reducir la corrupción y la impunidad, construir la capacidad institucional transparente y confiable, proteger a la juventud y encarar las dinámicas profundas de la violencia detrás del uso de armas, comercio ilícito, extorsión, secuestro y las diversas formas de homicidio.
“Les aseguro que en este momento hay muchos jóvenes metidos en las bandas criminales que les toca estar porque no encuentran otra salida; ya cometieron crímenes y les toca seguir por ahí; cómo es posible que no encuentren una mano de la sociedad para que se salgan de ahí; y la única solución que ellos (los jóvenes) ven es que los van a matar y, entonces, siguen reforzando sus grupos”, aseguró.
Narváez definió al perdón como una desintoxicación interior; un ejercicio de re significación; recordar con otros ojos, mientras que la reconciliación es “un encontrarse con el otro y negociar”, lo cual es más difícil que el perdón.
“El perdón como cultura, como virtud política, puede sacarnos de la violencia; talvez es eso y nada más: no hay otra solución”, manifestó.
El presbítero aclaró que la paz completa no ha llegado a Colombia, porque “la paz es como un bebé que nace”: la paz se construye y crece gradualmente, y en Colombia, todavía tienen “una baby peace, pequeñita y muy frágil”.
Comentó que, en entrevistas con familiares de víctimas en Estados Unidos, cuyos criminales tenían pena de muerte, el 98 % de los sobrevivientes no quedaban satisfechos con el castigo.
“El ser humano, si no perdona, aunque le den pena de muerte al criminal, no queda satisfecho”, concluyó, “no hay castigo que le dé satisfacción al odio y a la rabia que usted tiene por dentro; y si usted mismo no transforma esto, usted se queda eternamente víctima”.

 



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