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Sin folclor, arte actual de pueblos originarios


Publicacion:01-06-2019

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21 artistas, de pueblos originarios, protagonizan esta exposición.

CIUDAD DE MÉXICO.- Las plantas que usan curanderos y parteras, en peligro por el reiterado robo de las aguas del río San Pedro que cometió el cacique Ángel Aguirre Rivero, están en peligro porque el cauce está seco. Esa crisis la sintetiza César Catsuu López, artista de Xochistlahuaca, Guerrero, en su obra "Los espíritus del Río San Pedro".

La pieza es una de las 93 de la exposición "Los huecos del agua. Arte actual de los pueblos originarios", que desde este viernes se puede visitar en el Museo Universitario del Chopo.
21 artistas, de pueblos originarios, protagonizan esta exposición. Todos, con herramientas del arte actual y saberes tradicionales, abordan temas como la autonomía, la pérdida de territorio, la defensa y muerte de sus lenguas, el daño a la naturaleza.
No hay folclor, no hay artesanía; hay política; cuestionan y se cuestionan: "¿Por qué en este país no podemos hablar nuestro idioma materno?", se pregunta José Chi Dzul, quien es maya yucateco. "Me gusta trabajar con técnicas que están en peligro o que se están olvidando", explica Ana Hernández, originaria de Tehuantepec. "La producción oaxaqueña está idealizada, está hecha para que la compre un gringo, no para los mismos pueblos", acusa Darío Canul, uno de los dos integrantes del colectivo Tlacolulokos, de Tlaloluca. "Respecto a los pueblos originarios hay un velo, hay embates que buscan la desaparición de los elementos que nos definen, como la lengua, las danzas, muchas cosas. Mi trabajo trata de plantear un reconocimiento, reconocer a través de las estrategias del arte", detalla Octavio Aguilar, de Santiago Zacatepec Mixe, Oaxaca.
Contrario al discurso folclorista y al uso del arte popular como únicos referentes de los indígenas, los artistas que se presentan en esta exposición aprovechan herramientas como la instalación, el video-arte, el grafiti, el mural, la escultura y la pintura para referirse no sólo a su condición de pueblos originarios (o descendientes) sino a problemas contemporáneos: la violencia y su normalización, el desarraigo que implica la migración, la explotación de recursos en beneficio de políticos y empresarios, y en perjuicio de las comunidades.
Fue un año de investigación en el país para integrar el grupo de artistas que son originarios de Oaxaca, Chiapas, Michoacán, Yucatán y Ciudad de México. La curadora, Itzel Vargas Plata, explica que la lectura de los pueblos originarios ha sido muy heredada y construida por el Estado, y que no estamos acostumbrados a verlos desde otro lado:
"La exposición significó un reto muy fuerte, no quería que fuera folclorista o idealista; la artesanía no era el tema. Quería enseñar las obras de artistas que trabajan con un legado ancestral y lo reconfiguran para hablar de un presente complejo. La intención no es mostrar todo lo que hay; sabemos que se han hecho esfuerzos antes. Intenté mostrar obras representativas de problemáticas que se vinculan con reflexiones más allá de la práctica artística".
Aunque no hay módulos, sí hay coincidencias, por ejemplo, "en denunciar la castellanización forzada; el lingüicidio aparece de distintas maneras. Algunos se refieren a sus tradiciones y creencias, y otros las retan; unos están preocupados por la situación ambiental... Cada artista es un universo, y no quería cobijarlos bajo un mismo paraguas. Trabajan con un legado, pero la selección es heterogénea".
Los participantes son artistas, algunos con licenciatura, otros autodidactas: "Estas obras fueron hechas con una intención artística", enfatiza la curadora y añade que se encontró con profundo desconocimiento acerca de estos pueblos originarios: "Fue una ventana a una inmensidad de conocimientos, hay que seguir estudiando y comprendiendo. Me impacta que en el mismo país estemos tan ajenos a esa sabiduría y a esa riqueza, y que no los volteemos a ver. (En el país) Nos creímos la categoría del indígena como minoría, como el colonizado, alguien a quien hay que alfabetizar, cuando es todo lo contrario: Hay que pensar lo indígena desde otros lados, no desde lo que nos enseñaron".
Búsquedas y batallas
Ana Hernández expone instalaciones que construyó con arte textil. Su pieza "La lluvia dorada es una cortina de papel metálico", basada en los tocados de los trajes tradicionales de las tehuanas; una Olotera que encierra el mapa de Oaxaca le sirve para hablar del maíz transgénico; un mapa de México sobre un telar, que tiene bordadas rosas, es su forma de hablar de la migración de su madre hacia Estados Unidos y de ella misma hacia la ciudad.
Una de las obras de Andy Medina es una instalación que consta de una silla de escuela, con una pata más corta que se sostiene sobre libros, y una pizarra donde dice en zapoteco: "Lii Qui Gannalu’", que significa: Ignorante.
Octavio Aguilar expone trabajos que hablan de su identidad como Ayuuk; la escritura poética, la escritura concreta, los grafitis, el video-arte, la instalación y los talleres de pedagogía son herramientas que utiliza. En sus obras la oralidad es constante, en ellas participan personas de su familia; y están hechas también con el fin de compartirlas y pensarlas con la comunidad.
Abraham Gómez presenta series fotográficas acerca de procesos de cambio, pero también de tradiciones que desde la fotografía subvierte. El artista, originario de San Juan Chamula, Chiapas, cuestiona creencias indígenas, como no cortarse el pelo, no tomar agua de un manantial porque el alma no descansará, y a partir del cambio sobre esos pensamientos construye las series.
Tlacolulokos expone obras de varios momentos y con distintos medios; por ejemplo, pinturas de mujeres oaxaqueñas, en blanco y negro -van contra la Oaxaca idealizada-; un mural como el que crearon en un penal de Tlacolula con la participación de las reclusas; una serie de esculturas de AK-47 hechas con restos de piedra hallados en torno de Monte Albán o en piezas artesanales como molinillos, con las cuales abordan un problema del México actual: el de la violencia cotidiana.
Fuera de categorías
La exposición no se instala en clasificaciones como las del arte contemporáneo; recurre al concepto de pueblos originarios para no hablar sólo de indígenas. La curadora tampoco cree en categorías como la del arte indígena:
"No lo creo -abunda Itzel Vargas-. Me delimité a trabajar con artistas que nacieron o que sus abuelos eran de una comunidad, que en su mayoría hablan esas lenguas indígenas. ¿Quién es indígena y quién no? Lo dicen los Estados; en México está dado por la lengua, en otros países por otras razones. Alguien nació en Ayuuk, pero vive en la ciudad, alguien se fue a Francia, pero nació en una comunidad indígena; hay muchas opciones. Estos son artistas de ciertos estados del país, pero no quiere decir que su trabajo vaya por la misma ruta.
-¿Cómo ves lo que el gobierno propone en cuanto a los indígenas?
-Creo que necesitamos más información, se dice que hay interés, pero me confunden temas como el Tren Maya o que la comunidad mixe de Ayutla lleve años sufriendo sin agua. Quisiera entender cómo va a ser ese apoyo a los comunidades".
El Museo Universitario del Chopo se ubica en Dr. Enrique González Martínez 10.



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