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Adoramos a Dios Uno y Trino

La Santísima TrinidadLa Santísima Trinidad

Autor:Felipe Bacarreza Rodríguez   |    Publicacion:16-06-2019

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Nosotros confesamos tres Personas distintas de única naturaleza divina e iguales entre sí. Este es el misterio de la Trinidad que contemplamos hoy.

Este domingo, en que celebramos el misterio de la Santísima Trinidad, que es el más central de nuestra fe, nos detendremos en una afirmación hecha por Jesús en la última cena con sus apóstoles: “Todo lo que tiene el Padre es mio”.

Esta no es una afirmación aislada de Jesús. En su oración al Padre, a quien llama “el Dios verdadero”, la repite, esta vez, en ambos sentidos: “Todo lo mio es tuyo y todo lo tuyo es mio” (Jn 17,10). El Padre es Dios, y ningún hombre, en su sano juicio, puede hacer esa afirmación. Ya Adán y Eva quisieron ser como dioses y bien sabemos en qué acabó esa pretensión absurda. La afirmación de Jesús la puede hacer un hombre en su sano juicio sólo si ese hombre es, al mismo tiempo, Dios; y no un Dios distinto, sino el mismo y único Dios verdadero. Si se tratara de dos dioses distintos, cada uno tendría algo que el otro no tiene y entonces la afirmación de Jesús no sería verdad. En este caso, ninguno de los dos sería el Dios infinito, pues a éste no le falta nada. La afirmación de Jesús es la revelación de su identidad. Los cristianos la profesamos en el Credo de nuestra fe, diciendo: “Creo en Jesucristo... Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero”.

Jesús es el mismo Dios que es el Padre. Pero Jesús no es el Padre. Esto es posible, sólo si Jesús es el Hijo, “engendrado, no creado, de la misma sustancia que el Padre”. El Padre concibe al Hijo como una Palabra en la cual se expresa exhaustivamente. Así es como el Padre y el Hijo son dos Personas distintas, pero ambas poseen plenamente la misma divinidad, son el mismo Dios.

Jesús hizo la afirmación que estamos comentando en el contexto de una promesa del Espíritu Santo, a quien llama “el Espíritu de la verdad”, pues –dice- “os guiará hasta la verdad completa”. ¿Cómo cumplirá esta misión el Espíritu? Jesús responde: “Recibirá de lo mio y os lo anunciará a vosotros”. Esto lo dice así para asegurar que el Espíritu no revelará cosas nuevas; ya está todo revelado por Jesús. El Espíritu hará que eso mismo entre en los corazones de los hombres como una convicción de fe profunda. Por eso el Espíritu puede decir: “Todo lo que tiene el Hijo es mio”. Si algo que tiene el Hijo no lo tuviera también el Espíritu, entonces nosotros no tendríamos la revelación plena, el Espíritu no nos conduciría hacia la verdad completa.

Si Jesús dice: “Todo lo que tiene el Padre es mio”, y el Espíritu dice: “Todo lo que tiene el Hijo es mio”, entonces esas tres Personas distintas son las tres el mismo y único Dios verdadero. La revelación de la verdad que nos salva parte del Padre, es anunciada por el Hijo y entra en el corazón del hombre haciéndose vida por acción del Espíritu Santo.

Nosotros confesamos tres Personas distintas de única naturaleza divina e iguales entre sí. Este es el misterio de la Trinidad que contemplamos hoy. En este domingo debemos recordar que nuestro destino final es gozar del Dios Uno y Trino por toda la eternidad. Para esto hemos sido creados.



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