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Lucubraciones de poetas y prosistas


Autor:Olga de León / Carlos A. Ponzio de León   |    Publicacion:14-07-2019

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Fondo y forma son dos partes indisolubles del arte de escribir; pretender separarlas es un absurdo.

Sueños trenzados


Carlos A. Ponzio de León

Eloísa, a los veinte años, llevaba dos trenzas y la frente libre de cabello. En la mano derecha, un anillo en el dedo índice. En cada mano, cuatro uñas postizas pintadas de gris y otra de rojo. Aretes en forma de aro, grandes, delgados, de oro, y pestañas postizas negras, como su cabello, el que contrastaba con su rostro blanco. Con la mano izquierda revolvía el vaso que contenía su bebida sabor cajeta. Sus labios, pintados de guinda, se movían cerrados, como olas, uno junto al otro, mientras masticaba un pedazo de panque caliente sabor vainilla y limón.


Tenía la belleza que consigue lo que quiere en la vida. Con su apariencia física, también llevaba la sonrisa de una princesa egipcia. Disfrutaba de pasar horas leyendo noticias en su teléfono celular, y el olor a campo y cabañas de su perfume, jamás le fastidiaba.


Eloísa contaba con todo tipo de ropa; entre ella, chamarras de diversos colores. Ella solo sentía frío cuando pensaba en el tiempo que ha transcurrido desde el origen del universo, y el minúsculo tiempo que en comparación ha pasado el hombre sobre la tierra. Era como si el universo no hubiese sido creado para nosotros, los humanos, como si no fuéramos el centro de la creación. Y eso le preocupaba.


Ella era la persona más importante en casa, para sus padres. Hija única, solía obtener casi todo cuanto quería. De niña había visitado con frecuencia todos los parques de Disneylandia en el mundo: California, Florida, Tokio, Paris, Hong Kong y China. No había acudido a una escuela pública, ni privada, sino que había recibido educación en su propia casa, de maestros particulares. Practicaba la esgrima, la natación, el tenis y la equitación. Sus padres contaban con la infraestructura necesaria para practicar esos y otros deportes, ya fuera en la mansión propia, o en alguno de sus ranchos.


Como regalo de quince años, su padre llevó a Eloísa en un viaje de turismo espacial, para ver nuestro planeta desde afuera de la tierra, dentro de una cápsula. Ella había hecho casi todo cuanto podía querer un adolescente. Lo único que no podía realizar, era su sueño de ganar una medalla de oro en los juegos olímpicos. Eloísa no tenía talento para ello, ni siquiera para competir en el seleccionado nacional


Tampoco podía cantar de manera afinada. Le era imposible expresar con belleza la letra y música que escuchaba en su i-pod. Eso la frustraba enormemente, como a un adulto al que se le escapa el tiempo sin lograr nada en la vida. Esos eran sus dos únicos sueños: La medalla en la competencia y el concierto frente a un público que atiborra un estadio. Y Emilio, el joven que a ella le gustaba. Eloísa y Emilio que nunca estarán casados. Y más adelante, la joven esposa que nunca ve a su marido, entretenido por los negocios, y a quien terminará engañando quince años después, con un desconocido que encontrará en un bar y quien mostrará interés por ella. Finalmente, alguien se enamorará de ella, a los cuarenta años de edad.


Entonces entenderá lo afortunada que fue en algunos aspectos, y lo desafortunada en otros. Y dejará todo por amor, por el desconocido a quien le encantan las dos trenzas con que Eloísa aún insiste en peinarse, y que le recuerdan el viaje que hizo por el espacio a los quince años, y que habría de ser el sueño no cumplido de tantos niños que desearon un día, convertirse en astronautas.

Frases, dichos y algo más
Olga de León


* No es más sabio, quien sabe más; sino quien mejor uso hace de lo que
sabe para vivir en paz con la naturaleza, el entorno y sus semejantes.


* Una discusión entre pares o amigos empieza cuando uno descubre que ha
sido utilizado y humillado.


* Las diferencias no se pueden soslayar, cuando está de por medio: la dignidad
de la persona y la defensa de ideas (acertadas o fallidas, no importa).


* El otro siempre es el más valiente, cuando de retirarse se trata; aunque ante
los ojos ciegos, tendenciosos u oportunistas, quede como el cobarde.


* Él sabe quién es. …y con que lo sepan uno o dos más, además de su familia,
le basta.


* Las abejitas se organizan y forman una ejemplar comunidad; son solidarias,
productivas y sabias: saben dónde y cómo construir su hogar, el que nunca abandonan, hasta que mueren.


* Cuidado con el monarca que olvida para qué ha de servir a su pueblo: para lo
que la gente necesita y pide; no para lo que él, en la soledad de su palacio, piensa.


* Quien sigue a Maquiavelo para gobernar, tarde o temprano será presa del
mismo artificio maquiavélico.


* Si agitas el avispero… No esperes dulces cánticos al oído.


* Triste realidad pinta el horizonte cercano: una que quienes por ese horizonte
apostamos, lamentamos que se pierda y aleje cada día más.


* “Nunca es tarde para rectificar”, dice un refrán popular, hasta que en realidad
lo es -añadiría yo-; porque no dejamos ventanas abiertas, ni una grieta de cordura por donde respirar.


* Quien señala y no enmienda, es igual al padre que lanza un improperio al hijo
corrupto que está a punto de hurtar, pero ni le quita lo hurtado, ni lo castiga por su mal comportamiento y deshonesto. Cuanto más repita estas acciones de gritos y señalamientos el padre, más comprenderá el hijo que con él está a salvo: nada hará en su contra, aunque lo merezca.


* “Perro que ladra no muerde”, dice otro refrán popular.


* La Historia ilustra tanto a quien gobierna, como a los gobernados. Mas, si se
me permite “meter cuchara”: la Filosofía, cuando se la entiende, enseña más, es la que dice que quienes no aprenden de su pasado, están condenados a repetirlo. La moral, no: es una veleta que se muda al antojo de quien la usa, y siempre se acopla.


* La moral se acomoda a las épocas, las gentes y sus intereses; mejor que la
moral, son los principios. Cuidemos los pensamientos, cultivando mente y espíritu; leyendo a los clásicos y encontremos sus parangones en la modernidad. Aprendamos desde la cuna a compartir las cosas buenas, cuando se descubre el verdadero valor de ellas, son acciones contagiosas.


* Los principios y no los valores han de regir nuestras vidas por el camino recto
del bien, la justicia, la honestidad, la libertad, la fraternidad y la democracia. Cuando esto lo hemos adquirido desde la educación en casa, jamás perdemos el rumbo.


* Un día amanecemos con sol radiante y otro, el sol se esconde: el día está
nublado, mas no deja de ser un nuevo día. Los días son cambiantes; no así, el temple de las mujeres y los hombres más valiosos y realmente grandes.


* La estatura de un hombre se mide de la cabeza al cielo, y no del suelo a
su cabeza. Cuántas personas altas, incluso, muy altas, son en realidad pequeñas: solo piensen un minuto… seguro conocen varias.


* Por más fea que sea una oruga, no la aplastes, no la mates: un día
puede llegar a ser, la mariposa que alegrará tu mirada.


* Pero, no te engañes, el respeto a la vida de los demás seres, no es un
asunto de belleza o fealdad: No. Es un principio que se aprende desde la cuna, de esos que arriba hablaba: la vida es sagrada… para todos.


* “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Nos gusta enunciarlo y repetirlo, en
especial, cuando creemos saber qué significa, “derecho ajeno”: ¿Qué el otro o los otros hagan lo que quieran? No, por favor: ¡derecho! El derecho a elegir, a gobernar, a ser gobernados, a votar y ser votados, a decidir sobre los asuntos de su vida personal o su vida en sociedad, en cada país o nación… lo cual ya implica, soberanía…


* Nada más lejos de la verdad, que la mentira. Pero, nada más perverso o
maquiavélico, que la mentira con camuflaje de verdad.


* No hagas cosas malas con apariencia de buenas; pero tampoco, buenas que
parecen malas.


* Practicar la escritura creativa es tanto como graduarse en sintaxis. A menos
que no se entienda lo escrito o carezca de esencia, todo texto puede ser creativo.


* Un párrafo o un texto sintácticamente incorrecto, no llega ni a párrafo ni
a texto. Donde no hay coherencia ni cohesión, tampoco hay idea ni oración.


* Toda idea requiere de un traje a la medida, hecho con palabras precisas,
propias y adecuadas, tejidas con nexos, puntuación… y amor.


* Fondo y forma son dos partes indisolubles del arte de escribir; pretender
separarlas es un absurdo.



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