Cultural Más Cultural


Sacramentos y señal: el pesebre de mi casa

El pesebreEl pesebre

Autor:José Moreno Losada   |    Publicacion:25-08-2019

+ + - -

Recuerdo el día que mi tía Victoria, entró a ver la obra e identificó el pesebre, su casa… Todo compartido y vivido en sencillez y colaboración

 

La vida del ser humano tiene una dimensión misteriosa y sacramental. Nos relacionamos con el mundo, con los demás y, lo que es más importante, con nosotros mismos en nuestro interior. Ahí se acumulan nuestras experiencias vividas, en las que se mezclan lugares, tiempos, sentimientos, emociones, nombres, memoria, profecía. Eso hace que nuestro vivir sea un marco grandioso en el que situamos miles de “rincones” de vida y sentido. Al pedirme que hable de un rincón del pueblo, se me hace difícil deslindar uno de ellos, porque son tantos los que uno puedo escoger, ya sea de infancia, adolescencia, juventud, madurez…religioso, social, festivo, memorial… los poyos de la plaza, la piedra roaera, la caseta de la feria, las macetas de mi madre en el patio, el altar de la parroquia, el bar central, la piscina, el cementerio, la ermita…Pero no sé porqué hay algo que me invita a detenerme, casi bíblicamente, y elegir algo muy singular y específico, si queréis personal y familiar. Recuerdo el texto lucano: “Esta será la señal, un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Siempre me ha llamado la atención el detalle del pesebre en el evangelio y el hondo significado teológico que tiene, por eso señalo para compartir en esta publicación granjeña, un rincón que me habla, me hace sentir, con el que rezo, me sereno, me animo, me emociono…: “el pesebre de mi casa”.

Al morir mis padres, mis hermanos y yo tuvimos que decidir respecto a sus cosas, y yo me hice cargo de la casa. Mi madre se acordaba constantemente de su casa, me decía que una de las cosas que más le costaba al morir era dejar su casa para siempre, aunque llevaba casi diez años sin estar en ella. El valor sentimental de la misma, su dimensión sacramental, nos ganó sobre la racionalidad al faltar ella. Había que ponerla al día para poder usarla de vez en cuando, una obra de pura actualización, en especial en el patio y el último cuerpo que era la antigua cuadra y pajar, que ya mis padres habían preparado para descanso, pero que estaba muy derruida. Al obrar esa parte, solo dejé el pesebre. Se trata de un símbolo muy sencillo, pero tremendamente significativo. ¿Qué me dice y qué “me siente”? Podría deciros que es como un eco de vida inagotable, habla si yo quiero y me silencia si lo deseo. Es punto de encuentro y grito de la ecología integral.

En él recuerdo la relación del hombre con la naturaleza y el mundo animal, en el pesebre se conjuntaban la necesidad del animal y el cuidado del hombre, que atento a los que le ayudaban a sacar el pan de la tierra, les trataban con ternura y tesón, les disciplinaban sin que les faltara lo necesario para vivir. A las mulas como mulas, a la burra como burra…cada bestia con su rol y su carga, unas para arar, cosechar, recoger, otras para llevar y traer, medio transporte, para trillar…la conexión tierra, siembra y cosecha, mundo vegetal y animal, sin fisura en el encuentro con el ser humano y sus quehaceres. Pero además me habla de familia, de hermanos y hermanas, de trabajo compartido, de alegría creada, también de silencio, enfermedad y muerte, de luto doloroso del más joven.

Recuerdo el día que mi tía Victoria, entró a ver la obra e identificó el pesebre, su casa… Todo compartido y vivido en sencillez y colaboración. Recuerdo personas: abuelo, abuela, tíos, tías, primos… recuerdo momentos, palabras, sentimientos…recuerdo trabajo, sudores, olores… y rezo desde la vida al Dios de lo sencillo y de lo profundo. El pesebre es para mí: armonía, profundidad, respeto, trabajo, fraternidad, sacrificio, lucha, fidelidad, cercanía, servicio… Un pequeño tesoro que no tiene precio, y que tiene un valor especial para los que lo vivieron y lo sintieron, porque solo se ve bien con los ojos del corazón. Y es que hoy, para mí, el pesebre, nuestro pesebre, sigue siendo parte de la señal de la vida y de lo entrañable.



« Redacción »
No hay comentarios
Para publicar un comentario relacionado a la nota por favor llene todos los campos del siguiente formulario