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Los nuevos héroes no terminan de nacer: Adolfo Castañón


Publicacion:30-08-2019

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Adolfo Castañón recibe para hablar acerca del estado de la cultura en México proporcionándonos, además, algunos de sus poemas para dejar claro su pensamiento.

 

 

El poeta Adolfo Castañón (Ciudad de México, 1952), ocupante de la silla II de la Academia Mexicana de la Lengua, dictó la conferencia magistral “Visión de México en Alfonso Reyes” en la Biblioteca Legislativa hace dos semanas.

      Durante el acto, el también ensayista habló de su vida dedicada a las letras y de los dos tomos Visión de México en Alfonso Reyes, editados por la Academia Mexicana de la Lengua, motivo por el cual el escritor, amablemente respondió las siguientes cuestiones sobre el ámbito intelectual y cultural en México, así como de su vida en la literatura.

 

El monstruo infeccioso de las letras

?De manera sencilla ha dicho de sí que es un trabajador de las letras, ¿cómo llega usted a esta elección?

      ?En realidad podría decir que yo no elegí mi vocación, sino que mi vocación me eligió a mí. Quiero decir que eso que se llama vocación ya estaba ahí, y que yo llegué a ella, casi sin darme cuenta. Nací en una casa llena de libros, revistas y periódicos. Mi padre trabajaba como secretario de redacción del Boletín Bibliográfico de la Secretaría de Hacienda, dirigido por Raúl Noriega. Yo sabía que había libros antes de aprender a leer. Me intrigaba la presencia de esos objetos misteriosos que cautivaban la atención de mi padre. Me preguntaba yo qué podía haber ahí adentro. Poco más tarde empecé a aprender a leer y a escribir, como a los cuatro años. Fui un estudiante precoz y también uno de esos estudiantes poco populares entre sus compañeros, pues me gustaba mucho la escuela y siempre sacaba los primeros lugares sin mayor esfuerzo… A partir de los 17 años empecé a leer de manera compulsiva. Durante más de diez años leí uno o dos libros diarios y dejé de dormir una noche por semana para seguir leyendo…

      ?Usted es autor de una obra cuantiosa, su dedicación a la literatura parece infinita: Paz, Borges, Monsiváis, Alejandro Rossi, José Emilio Pacheco, Bioy Casares, Cervantes, María Zambrano, Xirau, Bonifaz Nuño, Del Paso, Montaigne, Steiner, Beckett... Hace unos días impartió una cátedra sobre Alfonso Reyes. Asimismo, usted recibió el Premio Internacional Alfonso Reyes 2018…

      ?No es un secreto para nadie: mi biblioteca, mi taller, mi oficina o laboratorio está abierto de Sol a Sol y, a veces, de Sol a foco. Pero no siempre estoy trabajando para Adolfo Castañón, éste presta sus servicios en una editorial y, como secretario, en la Academia Mexicana de la Lengua. Sin embargo, me las arreglo para sacar adelante mi modesta tarea como testigo, lector, escritor y ciudadano de la República de las Letras. El significado que tiene para mí el Premio Internacional Alfonso Reyes 2018 es muy grande. Significa para mí un reconocimiento a una tarea de muchos años. Diría yo que esa tarea no ha sido estrictamente privada. Me gusta creer que mi devoción por Alfonso Reyes ha sido infecciosa y que gracias a la tenacidad de hace años, mía y de otros, como mi maestro José Luis Martínez, el cuerpo social se ha contagiado de algún modo de este virus alfonsino. En ese sentido siento que este premio ha sido y es una especie de exorcismo que ha logrado aplacar y amansar un poco al monstruo infeccioso de las letras del cual soy portador.

 

Es hora de cambiar de casa

?En 1989, durante su gestión al frente de la gerencia del Fondo de Cultura Económica, se hizo acreedor al Premio Príncipe de Asturias en el área de comunicación. En esa misma gestión fue responsable de la codirección del proyecto “Periolibros”, editó también una biblioteca de medio centenar de autores en diarios de España, Portugal, México, América Latina, Estados Unidos e Israel. También se encargó de los trabajos asociados a la configuración del Catálogo Patrimonial del FCE 1990-2000. A lo largo de varios lustros en el Fondo de Cultura realizó y organizó cientos de presentaciones de libros dentro y fuera del país. Actualmente, ¿cómo explicaría usted el estado en que se encuentra la intelectualidad mexicana?

      ?La pregunta que usted me hace es incisiva y a la vez asimétrica. En el principio de ella se trasluce el conocimiento casi microscópico que tiene usted de mi itinerario como editor del Fondo de Cultura Económica. Luego me pregunta sobre el estado en que se encuentra la intelectualidad mexicana.

      “Trataré de responder brevemente. Después de la muerte de Octavio Paz, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Carlos Monsiváis, Jaime Sabines, Efraín Huerta, José Revueltas, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco, Fernando del Paso, Antonio Alatorre, etcétera, podría pensarse que la cultura mexicana se encuentra en un cierto estado de orfandad. Estamos como huérfanos. Es cierto que hay otras figuras en el paisaje como Margit Frenk, Miguel León-Portilla, Eduardo Lizalde, Elena Poniatowska, Jaime Labastida, Roger Bartra, José Sarukhán, Ruy Pérez Tamayo, Gabriel Zaid, Enrique Krauze, Jean Meyer, Gonzalo Celorio, Martha Lamas, Lorenzo Meyer, Margo Glantz, Juan Villoro, Hugo Hiriart, Silvia Molina, entre muchos otros.

      “Estamos en un inter regno. Los dioses y los valores del pasado no han terminado de morir y los nuevos valores, los nuevos héroes no terminan de nacer… También estamos en un momento dramático. Es hora de cambiar de casa. En un sentido estrictamente tecnológico estamos pasando de una forma cultura (la cultura libresca) a otro tipo (la cultura digital, cibernética y virtual). La reforma educativa pasa todos los días entre nuestras manos, a través de los teléfonos celulares, cuyas aplicaciones sólo somos capaces de dominar de forma mínima. Recordamos la historia humorística del mexicano que se había ido a Estados Unidos y todavía no hablaba inglés pero ya se le estaba olvidando el español. En términos de tecnología podríamos decir que todavía no dominamos completamente los desafíos a los que se enfrenta la nueva cultura electrónica y digital, pero ya se nos están olvidando las habilidades y destrezas alfabéticas y librescas. Esto es particularmente visible en el caso de los jóvenes (millennials, generación x, y). Esta situación no sólo es privativa de México. Se da también a lo largo y ancho del planeta. Son pocos los adultos que dominan cabalmente las destrezas necesarias para desenvolverse en la red, incluso para manejar un teléfono celular o una Tablet… También hay una fractura en términos de la formación intelectual que sólo se puede explicar en términos sociales, pero no completamente”.

 

 

Una sociedad robotizada

Adolfo Castañón continúa en su cavilación:

      ?Algunos piensan que la cultura mexicana está en crisis. Otros pensamos que la cultura mexicana vive entre la crisis. Otros más piensan que nos encontramos al final de la posibilidad misma de una crisis de la cultura en la medida que la cultura, las humanidades se encuentran en un proceso de crisis tal que casi se podría decir que están en un proceso terminal. Todo esto suena un poco apocalíptico. Desde luego lo es. Pero también hay que pensar que el fin del mundo no debe confundirse con el fin de nuestro mundo…

      “Otro síntoma o dato en relación con la cuestión del estado en el que está la inteligencia en México es el que se refiere al tema del plagio de textos en el orbe universitario y académico. El plagio, el hecho de copiar y de pegar, de olvidar, “olvidar” poner las comillas en las citas para hacer aparecer que ese “pensamiento” es del que copia es algo que no se da nada más en México. Se practica en todo el mundo y toca las puertas mismas de la escalera curricular que controla el ascenso social. También es significativa de una debilidad de carácter o de una falta de ética… provocada por el espejismo de un mundo en el que el estatus económico y social depende de la publicación… El plagio se distingue de la imitación literaria tradicional, pues en ésta se da un reconocimiento explícito de la autoría del precedente en el plagio, especie de secuestro textual, el plagiario aparece como un cínico que está dispuesto a burlar al público y que en última instancia se burla de sí mismo. Pero el tema del plagio es inquietante cuando se masifica y multiplica y ataca y corroe las instituciones educativas y aun las políticas. Los casos de los altos funcionarios públicos que han incidido en este expediente lamentable es todavía más inquietante cuando va acompañado de la impunidad, como en la mayoría de los casos. Es también inquietante pues puede volverse un ejemplo o anti-ejemplo a seguir. El plagio es sintomático además de una sociedad robotizada donde la investigación desaparece para dar lugar a la navegación fácil en la red. En México todavía no estamos familiarizados con el advenimiento de una sociedad robotizada, por ejemplo, para el orden doméstico. Sin embargo, ya vemos signos de esto en las máquinas que cobran el estacionamiento en los centros comerciales y han sustituido a las personas que hacían de cajeros. Éste proceso, aunque no lo parezca, tiene que ver con lo que podríamos llamar la disminución de la responsabilidad o al menos con su redistribución…

      “A todo ese complejo panorama contra el cual se recorta la situación de la inteligencia en México, hay que añadir el de que en México (al igual que en otros países de Hispanoamérica) es peligroso leer y escribir, al menos para los periodistas, defensores de los derechos humanos y los activistas defensores del ambiente, que son objeto de desaparición, tortura o pérdida de sus fuentes de trabajo. Es peligroso leer:

 

¿Ese vicio impune?

 

I

 

No le creas al que te dice

que la lectura no tiene castigo.

Leer puede costar la vida.

Pregúntaselo al aprendiz

caído en la fosa común.

Al lector de periódicos

que dejó de envolver

la carne para la perra

en una hoja de diario

y se puso rumiar.

 

Leer es más peligroso

de lo que el otro se imagina.

“El que añade conocimiento,

aumenta el dolor.”

Para la herida producida

por leer,

no hay paliativos.

Sobre todo,

trata de no re-leer,

y de no pensar.

Pero hasta esta gimnasia

puede ser un riesgo.

¿Qué hacer?

Quizá,

seguir tomándote fotos

hasta que se te acabe la luz.

 

II

 

No le creas al que dice que

la lectura no tiene castigo

En Asia al que bosteza

en público lo decapitan

      “Eso lleva a la explicación de que en México hay una práctica de la auto-censura. El arte de callar no tiene entre nosotros, ahora, la dimensión religiosa que podía tener en el siglo XVIII para el abate Dinouart, en 1771 (Biblioteca Siruela Ensayo, Barcelona, 1991, traducción de Mauro Armiño), cobra en las ciudades mexicanas e hispanoamericanas una perspectiva que está asociada a la sobrevivencia. En ese sentido son dignas de aplauso las manifestaciones de valor civil que marcan el proceso democrático a través de la resistencia y de la denuncia”.

 

Bañarse en las aguas de la poesía

?¿Cuál es su opinión sobre el estado de la cultura hoy día en nuestro país?

      ?Partiendo de la base de que México no es un país sino un continente, debemos de admitir que la cultura, en un sentido amplio, tiene y no buena salud. La cultura en México puede entenderse como las culturas de México o las culturas que se desarrollan y conviven en México. Por un lado se tiene el amplio y diverso despliegue de usos y prácticas culturales, regionales y transversales. Está el hervidero de las culturas populares y de los distintos cultos religiosos y políticos; por otro lado está el también muy amplio espectro de la cultura humanística, científica, tecnológica y universitaria. Este amplio espectro es desde luego asimétrico, irregular, disparejo. Hay espacios de cultura que se encuentran en un intenso florecimiento: las letras, las artes plásticas, el cine, la danza; también hay grandes logros en el aspecto de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, también se debe decir que hay grandes carencias: analfabetismo, analfabetismo funcional, desapego, indiferencia o rechazo a la cultura literaria, leída y escrita, un conformismo aterrador en relación con el olvido y la falta de memoria. Se cree que todo lo resuelve el Dios Google, la Wikipedia, los saberes y los seudosaberes informáticos. Se olvida que la verdadera conciencia no es exterior, sino interior.

      ?Mencionó usted, durante la conferencia magistral que ofreció en el recinto cultural de San Lázaro, la famosa frase: Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error. Ahora se dice lo contrario.

      ?No hay que jugar demasiado con las palabras. La frase que cité la acuñó un escritor curioso nacido en Tuxpan, Veracruz, como el político Jesús Reyes Heroles o el poeta José Luis Rivas. La frase de César Garizurieta habla de un momento en el cual casi toda la economía del país giraba en torno a las iniciativas del Estado, de un Estado a la vez benefactor y semitotalitario. Los tiempos no han cambiado tanto como parecería. La gente piensa que hay que tener necesariamente un trabajo, “una chamba”, pero esto puede llevar a una cultura de la simulación, al uso y costumbre de trabajar lo mínimo y hasta de simular que se trabaja. En la España del siglo XIX había una frase que rezaba: “Robar al Estado no es robar”. Algunos trabajadores del gobierno y las universidades todavía piensan así, aunque pocos lo admitan, a todos nos consta que existe el fenómeno del “robo-hormiga”: desaparecen los lápices, el papel de baño, las cajas de clips. ¿Quién no ha visto esto? Las calles llenas de basura tienen que ver con este desprecio de la vida pública: la calle es un basurero, no un patrimonio. No sé qué tipo de sacudimiento sea necesario para que estos cursos y costumbres indeseables, dejen de practicarse.

      ?Dejo la poesía para el final por tratarse de un género sublime que usted ha cultivado. ¿Para qué la poesía en tiempos de penuria?

      ?Su pregunta me lleva a recordar que Octavio Paz le decía a su joven amigo Jean-Clarence Lambert que la mejor manera de empezar el día era leyendo un poema. Leer un poema es sembrar la otredad. Aplaudo la iniciativa de mi querido amigo Felipe Garrido de socializar un poema al día. Yo mismo trato de escribir un poema o algo entrevisto al final del día. La poesía cumple una función purificadora. Bañarse en las aguas de la poesía es necesario, pero también una cosa muy difícil de hacer y de vivir. Admiro a los poetas, admiro a las poetas, admiro y aspiro al Poema. Respeto también profundamente a los que no escriben, a los lectores, a los correctores, a los oyentes, como decía Antonio Machado.

      ?Usted ha escrito un libro de aforismos intitulado La belleza es lo esencial. “No sabemos cuántos actos de nuestra vida, cuántas palabras dichas o calladas dependen de nuestros sueños". ¿Considera a la felicidad un estado de belleza?

      ?No sé qué pensaría el filósofo Ludwig Wittgenstein a su pregunta. Creo que la mejor manera de responderla será con unos poemas:

 

 

Antes I

 

No sé llevar bien las cuentas

Algo falla

No sé por ejemplo

cuántos son cuarenta y tres…

o cuántos eran dos mil

Antes éramos tan ricos

que los muertos se contaban por miles…

Se me hace difícil sumar

el # de los que el periódico da por muertos cada día...

No sé cuantos ejemplares imprime el periódico

No sé cuantos periódicos hay en México

Todos parecen decir la misma

No sé tampoco ni quisiera saberlo quién los paga

A veces pienso que son el mismo periódico

Que todos los días les cambian la fecha

pero que es el mismo

con las mismas faltas de ortografía

con la misma y rota sintaxis

Que son los mismos muertos

las mismas muertas

(Éramos tan felices

cuando las usábamos como título de novela)

No lo sé, no lo creo

Antes el agua no costaba

ni había guerras por el oro azul

El pan no sabía a trapo

No había gusanos en la basura

 

Las casas no se derrumbaban a la primera lluvia

Las calles no se inundaban a la primera granizada

La lluvia no era ácida

No había necesidad de hacer planes de desastre

para el país o la familia o la humanidad

Los hijos no tenían que irse a otros países

Sólo había desastres

pero no nos preguntábamos

quién estaba ganando con ellos

Poco importa el color o la forma

de los ojos de ese quién...

Me imagino que a él o a ellos

si les salen las cuentas...

 

12 julio 2015

 

 

 

Antes II

 

Me hace falta México

el México de antes

(¿no será una redundancia ?

¿no es la maldición de México que siempre es el de antes?)

cuando veía sin vértigo las corridas de toros

y comìa con arrojo tacos de cabeza

en tendajones improbables e insomnes

el de los charcos en que caía la piedra de sol

sin ensuciarse

Me hacen falta las tardes

jugando al trompo a la orilla del camino

Extraño la bendita mosca de tu escritura novia

y al travieso mosquito que no sabía a dengue

Lloro por el polvo perdido

y por las fiestas incendiadas por chorros de bengala

mientras en la esquina se desangraba el aguamiel

todos lloran por los desaparecidos ,

pocos se acuerdan de los que no desaparecieron

y siguen ahí dando y tomando clases bajo la lluvia cruda

y el calcinado sol

entre la basura y la desesperación..

Me hace falta el antes

 

15 de noviembre de 2014

 

 

 

Antes III

 

La abuela me contaba

que las indias pregonaban

“Chichicuilotitos vivos...”

recién traídos del lago.

A mi padre le tocaron

los gritos alargados de

“Botella, fierro viejo que vendan...”

Por nuestras calles, en cambio,

resuena el mismo anuncio pelado

por una voz gritona que ha sido grabada

para que los choferes sordos no tengan que desgañitarse

o la misma ininteligible grabación vendedora de tamales

(esas voces fabricadas

también se pueden comprar en un mercado).

Me alegra, aunque no compre nada,

el silbato del vendedor que pasa

con su vaporera ambulante

como un dios en el destierro

vendiendo camotes y plátanos.

Aunque no tenga nada que tirar,

la campana que trae el carro

de la basura me suena a

viático y reverencia

¿Qué recordarán los nietos

cuando ya todo esté pavimentado?

Yo me quedo callado:

¿de quién podría hablar?

 

 

 

“Intermitencias del Oeste” (2), (Canción mexicana)

Octavio Paz, Ladera Este (1968)



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