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¡Viva la Independencia!

Y viva MéxicoY viva México

Autor:Olga de León / Carlos A. Ponzio de León   |    Publicacion:15-09-2019

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Mi México querido, México de mis pocas alegrías y eternas nostalgias y tristezas… Hoy es tu fiesta de Cumpleaños. ¡Qué viva México!

 

Logros y añoranzas


Olga de León

A la memoria de mis padres, con mucho cariño y añoranza eterna de sus invaluables presencias, quienes en este mes cumplen un año más de su temprana partida: Lic. Jesús De León Garza (16 de Sept., 1970) y Amparito González de De León (11 de Sept. De 1974).

Qué es la Patria, si no es tierra, aire, cielo, nubes y estrellas; caminos y bifurcaciones varias que llevan a cientos de lugares, de los que sabremos poco pero sí una cosa: todos son parte de ella, de la Patria.


Amo lo que soy o creo ser, aunque quizás no sepa bien a bien qué me define y qué me retrata de cuerpo entero ante los otros, ante el mundo y, siendo menos pretensiosa, solo ante los míos, mis seres más queridos, los más cercanos, e incluso ante mí; pues porque me amo y me respeto puedo amar a mis semejantes como a mí (enseñanzas de la casa, que espero haber prodigado a mis hijos).


Cavilaba o soñaba, entre dormida y despierta, la mujer que iba en busca de una esencia, un aroma, un color, un cielo, unos árboles, de los maizales a la orilla de las carreteras y los pájaros multicolores que recordaba haber visto de niña, …Y aunque no estaba segura si habían sido muchos o solo unos pocos que se habían asentado en un rincón de su memoria, penetrándola con sus hermosos trinos y sus ágiles vuelos sobre esos cielos que la arroparon en las noches de invierno, tanto como en las de verano y primavera, cuando el brillo y la luz del día le regalaron los sonidos y esperanzas de niña soñadora, siempre imaginando un mundo mejor, más justo, menos desigual. Los mismos que ahora solo parecían, a la distancia de más de cincuenta años, añoranzas no alcanzadas.


María regresaba después de un enorme paréntesis en su vida: cuarenta años en el extranjero. El corazón le latía de prisa y con mucha fuerza, golpeaba su pecho como si quisiera abrir una ventana y asomarse por ella, para ver por sí mismo el horizonte que ya casi adivinaba. Había volado durante más de cinco horas, y una vez puesta ya en suelo cercano a su patria, descendería para hacer el poco recorrido que le quedaba por carretera, sí, viajaría ahora en autobús hasta el terruño que la vio nacer y crecer poco más allá de la adolescencia.


Qué deseo intenso de abrazarse a un árbol, a uno enorme, de esos que le dieron sombra en sus paseos por el campo, o por la plaza principal de su pueblo, de esos que dejó de ver y oler hacía años… demasiados… Qué ganas de pisar el suelo, la tierra húmeda y el pasto o la yerba suave. Mi patria, pensó, ¿sabrá que voy a su encuentro?


En la estación de autobuses ya la esperaban. Hacía más de treinta años que había apoyado en sus planes a sus tres hijos, como lo hizo también el padre de los chicos, para que regresaran una vez concluidos sus estudios allá en el Norte, a la tierra de los bisabuelos. Y allí se asentaron, trabajaron, les fue bien y formaron familias, familias mexicanas con algo más de conocimientos adquiridos fuera, que los que, si se quedaban sus padres sin brincar el Río Bravo y llevárselos muy pequeñitos, no hubiesen alcanzado quizás.


Ella y su marido no pudieron regresarse, para ellos ya no había vuelta atrás, perderían más de lo que podrían obtener yéndose. Se resignaron y fueron felices por sus hijos. Caso extraño, pocos jóvenes quieren regresar a su tierra latina, su tierra mexicana, una vez que se educan y forman en Gringolandia.


La mitad de aquella madre, la mitad de María había guardado en lo hondo de su pensamiento y su corazón el secreto deseo de volver. Pero, nunca pudo convencer al marido de que dejara el trabajo, luego se hicieron viejos y achacosos… Así que nunca pudo dejar a su viejito, allá, solo, y se resignó a su suerte… La animaba saber que a los hijos les iba bien; también las llamadas por teléfono, las cartas y las fotos que les mandaban… y otros detalles que siempre guardó entre sus recuerdos más preciados.


Los hijos no sabían. No les contó su madre qué ni cómo o por qué, finalmente se decidió a volver. Y lo estaba haciendo justo para esta fecha patria. Tampoco les avisó si su padre la acompañaría… o no.


María arribó por fin a la tierra querida, a su terruño, un 15 de septiembre. Su familia, al verla acercarse a ellos, se quedó por segundos, quizás hasta uno o dos minutos, inmovilizada… Ella traía una sonrisa de felicidad dibujada en el rostro, y sostenía una urna dorada entre sus manos que apretaba cerca del pecho. Todo lo entendieron de inmediato, aunque como un balde de agua fría que les cae encima. Al fin, hoy la familia estaría reunida en suelo mexicano, sus padres habían regresado a la tierra originaria.


La Patria y su Águila


Carlos A. Ponzio de León

Sube la Patria por una montaña, alcanza a bordear un río en el que finalmente se sumerge para cruzar del otro lado, donde abunda la selva, la guacamaya roja, el jaguar y el mono aullador. Camina la Patria con cuidado, con un caminar perfecto, estudiado, con la brisa marina diurna de frente, y el recuerdo de la brisa de montaña a cuestas. Observa los muros pintados y las piedras verdes. Un tucán vuela de una rama a otra anunciando una abundante lluvia, la cual caerá sobre los ríos que vierten su agua en la cuenca más resplandeciente. La caoba y el cedro rojo iluminan el camino, y el aletear de las aves sobre los pinos y encinos.


La Patria se adentra en la selva; y allá, en el corazón de ella, se pregunta qué juicios vendrán en su contra, qué equipaje debió haber llevado para esta travesía, quién podrá amarla bajo las condiciones en que se encuentra, o si alguien más la asaltará para seguir robándola en el camino. Sale la Patria de la selva y ahora se dirige hacia el desierto. Ahí encuentra al cactus sahuaro, mientras observa a un correcaminos entre los arbustos, en busca de alguna culebra dormida. El gavilán observa desde lo alto y un puma aguarda en su cueva. Escorpiones, iguanas y lagartos siguen el lento caminar de la Patria, y la ven cuando se aleja en dirección al centro del país.


Llega la Patria a la plancha del zócalo, camina despacio hasta la asta bandera, donde un ave en tela ondea sus alas. Un ala roja, que lleva la sangre de los héroes, de las víctimas, de quienes claman justicia e igualdad, de quienes mueren por un crimen que queda impune. La otra ala es verde, y lleva la esperanza que equilibra el vuelo, que guía a la Patria. El águila es blanca, debería unir, pero a veces nos divide.


Miles de mexicanos dan vivas cerca de medianoche, desahogan sus penas en gritos, dejan de sentirse solos entre la multitud. La Patria les sirve para ponerse eufóricos, para crear la voz de una tarántula monstruosa que no vuela, para volar en serpentinas y fuegos artificiales y sentirse un solo ser, como un águila que alcanza el cielo, que necesita tanto del ala derecha como la izquierda: de la injusticia que motiva y da vida a la esperanza.


Canto a México


Olga de León

Eternos anhelos de libertad
Siglos de luchas cruentas
Dispares e infames diferencias.

Llueven desde el cielo mil luces
que nos dan identidad.
De antaño llegaron los héroes
y en carruajes ornados

…los lucimos ahora

Cuál si fueran estatuas vivas,
símbolos inmortales,
serán hoy y siempre aclamados

Papel moneda que ostenta
en el nuevo de doscientos
dos rostros genuinos,
Hidalgo y Morelos
Héroes que nos dieron Patria.

¿La independencia ha muerto?
O, ¿acaso nunca se fraguó?
Pobres héroes nuestros
los que han sido no natos.

…Y, temerosa, me pregunto:
¿Será México libre,
soberano e independiente?
O, ¿solo es un sueño…?

…Y del otro lado del Bravo,
gozan que sigamos soñando.
Mientras fraguan cómo robarnos
soberanía e independencia.

Que por igual sean aclamadas,
arrojadas y valientes mujeres
que sirvieron a la Patria
y expusieron sin duda
sus frágiles vidas y
su temeraria acción,
es parte de lo no cumplido.

Criollas, mestizas e indias.
Amantes, madres y amigas
que quedaron en el olvido,
fueron decenas… quizás cientos.

México, me diste un corazón
que canta, ríe y llora;
un pensamiento creativo,
unas manos de artesano,
unos brazos para el trabajo
y para abrazar a mis hijos,
unos pies para recorrerte
y una imaginación que vuela
aunque mi espalda no tiene alas

Mi México querido,
México de mis pocas alegrías
y eternas nostalgias y tristezas…
Hoy es tu fiesta de Cumpleaños.
¡Qué viva México!
…Y la esperanza de un mundo mejor.



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