Cultural Literatura


La literatura como denuncia


Publicacion:16-11-2019

+ + - -

¿Es la literatura un medio idóneo para la denuncia social? ¿Qué libros vienen a la memoria cuando se habla de discriminación, de racismo, de violencia humana?

Las obras literarias son el reflejo de una sociedad y sus momentos históricos. Pueden ser producto de la relación entre el entorno y las reflexiones de quien escribe, y no un hecho aislado. Quien acude a ellas tiene la posibilidad de hallar aspectos difíciles de encontrar en las fuentes históricas. El sentir de un pueblo, su concepción espiritual del espacio, su comportamiento, todo esto puede ser comprendido, quizá con mayor eficacia, a través de la literatura. En un país y en un mundo envuelto por grandes olas de violencia, por una brutal discriminación, clasismo, racismo, homofobia, misoginia o por una visible desigualdad de género, las letras han sido un refugio y un espacio de reflexión para sus creadores y lectores, tal vez ambos víctimas de esta crueldad humana.

Un nuevo corpus literario

Artemisa Téllez (Ciudad de México, 1979) es escritora y maestra en letras mexicanas por la UNAM. Ha sido incluída en 13 antologías nacionales y siete internacionales. En 2015 obtuvo el tercer lugar del IV Certamen García Lorca de relato corto LGTB en Bilbao, España. En entrevista con Notimex, la narradora comparte los libros que, desde su perspectiva, tocan de manera más eficaz estos temas que violentan a las sociedades de hoy:

      Hay muchos, muchísimos libros que podría decir que causaron un impacto en mí para hacerme ver y comprender la desigualdad y la discriminación, pero considero que los más formativos, por los años en que los leí, fueron Mujercitas [1868, de Louisa May Alcott], El beso de la mujer araña [1976, de Manuel Puig] y Las tribulaciones del estudiante Törless [1906, de Robert Musil]; todas ellas lecturas anteriores a mi ingreso a la Facultad de Filosofía y Letras. En su momento histórico, la literatura que se lo propone, puede señalarlas de formas veladas y creativas que escapen a la persecución y la censura de los medios masivos de comunicación. Además, apela a la conciencia, el análisis y la reflexión, ampliando de esa forma la dimensión de la denuncia. Con los años (los siglos incluso) la literatura que logra sobrevivir continúa evidenciando la injusticia, la corrupción y el autoritarismo universales mediante sus historias una vez locales y temporales. Grandes clásicos como El Cid campeador, Antígona o Macbeth pueden dar cuenta de ello.

      Cree que de alguna forma la literatura le ayudó a responder cuestiones esenciales de su vida?

      La literatura me ha construido como mujer, como mexicana, como lesbiana, como feminista, como intelectual, como ciudadana de este planeta y como persona del siglo en el que vivimos. Todo lo que es explicable y conocible para mí me lo han ofrecido los libros. La escritura, incluso, es un modo permanente de profundizar en quién soy y de reconocer y redirigir este propósito: soy lo que la literatura ha hecho de mí y por eso vivo de y para ella. 

      Desde que comenzó a escribir, ¿cómo ha cambiado este tipo de literatura en México?

      En los últimos años la literatura mexicana se ha vuelto mucho más política. La coyuntura que estamos viviendo nos impulsa a la autocrítica, la denuncia y la reflexión acerca del país que hemos vivido, habitamos y queremos construir. Obras como Temporada de huracanes [novela de Fernanda Melchor] o Antígona González [libro en prosa de la poeta Sara Uribe] no hubieran sido posibles en otro contexto. La necesidad de entendernos como una sociedad corrupta, descompuesta, dividida y hostil está construyendo un nuevo canon y un nuevo corpus literario para las y los mexicanos.

Ninguna obligación del escritor

El narrador, dramaturgo y traductor Luis Zapata (Chilpancingo, Guerrero, 1951) es considerado el escritor más destacado de la literatura homosexual mexicana. El autor de El vampiro de la colonia Roma (1979) accede a una entrevista con Notimex para hablar sobre los libros donde encontró aspectos homofóbicos y cómo la literatura puede responder a manera de denuncia:

      Recuerdo, sobre todo, casos de homofobia, principalmente lo que se ha dado en llamar “homofobia internalizada”. Pienso, por ejemplo, en El diario de José Toledo [1964], de Miguel Barbachano Ponce, y Después de todo [1969], de José Ceballos Maldonado. Los protagonistas de ambos libros son homosexuales, y viven su sexualidad de una manera triste y torturada, razón por la cual no me resultaron atractivos. Tengo, en cambio, mejores recuerdos de autores extranjeros, como Jean Genet, Tony Duvert, Christopher Isherwood y Gore Vidal.

      Cree que un escritor está obligado a mostrar los problemas que aquejan a su sociedad a través de su literatura?

      No creo que el escritor esté obligado a nada. Pienso que la literatura es un territorio de derechos y de libertades, no de obligaciones. Pero dentro de esas libertades está, por supuesto, la de mostrar los problemas que aquejan a la sociedad. La única obligación que tiene el escritor, en mi opinión, es de índole estética y consiste en realizar su trabajo de la mejor manera posible.

      Cree que leer y escribir es un acto subversivo?

      Creo que la literatura es subversiva en la medida en que detona cuestiones fundamentales tanto del individuo como de la sociedad. La literatura no sólo es un reflejo de la realidad, sino también introduce en ella cambios esenciales. 

La literatura no puede luchar contra la barbarie

Eduardo Monteverde (Ciudad de México, 1948), narrador, periodista y médico patólogo por la Facultad de Medicina de la UNAM, es autor del libro Lo peor del horror (publicado en 2004 y ganador del Premio Rodolfo Walsh en 2005), donde cuenta 23 terribles historias que fue recabando de la propia calle y que, definido por él mismo, se trata de un “ejercicio de periodismo negro”. Para él, la novela que retrata la discriminación de la mejor manera, específicamente el racismo, es El corazón de las tinieblas [1902] del novelista polaco Joseph Conrad:

      El libro de Conrad es una ficción basada en una realidad, la cual llena de metáforas y otras figuras retóricas. Ésta se desarrolla en el Congo Belga de Leopoldo II y muy probablemente fue inspirada en uno de los héroes de la exploración llamado Morton Stanley. Efectivamente el libro nos hace notar la indiferencia de Occidente frente a esa situación, los contubernios y la sumisión de los africanos en un estado de esclavitud brutal. La adaptación a la maldad es terrible, no hay de otra.

      Otra obra que menciona es Quiero dar testimonio hasta el final de Viktor Klemperer, un filósofo alemán (nacido en la ciudad de Landsberg an der Warthe, antes del Imperio Alemán, ahora de Polonia) de origen judío. En este libro, escrito entre 1933 y 1941 pero publicado hasta 1999, revela a manera de diario el terrorífico día a día que se vivió durante el Tercer Reich. Desde el primer año en que comenzó a escribirlo, Klemperer advirtió del peligro que representaba Hitler para Alemania.

      Este libro es una obra importantísima para comprender la humillación y la vejación constante del régimen totalitario de los nazis. Creo que no han sido contadas todas las historias del Holocausto, siempre saldrá a la luz algo nuevo conforme pase el tiempo. Eso también lo hemos visto en otras disciplinas como el cine. El texto de Klemperer es un testimonio fundamental, de primera mano, para entender lo que fue y lo que es la degradación. Ni siquiera me gustaría denominarlo como un libro de denuncia, a pesar del título. Es más bien una narración y una visión misericordiosa de un participante que no fue como tal a un campo de concentración [ya que estaba casado con una alemana que no era judía] y que desgrana cómo es que transcurría la vida ahí. A diferencia de Marlow, el protagonista de El corazón de las tinieblas, Klemperer no es un testigo, es una víctima que habla constantemente sobre lo que sufrió. Es, sin duda, un libro olvidado que definitivamente debemos rescatar.

      Para Monteverde, sin embargo, la literatura está por debajo de los mecanismos reales para la lucha contra la violencia y la discriminación.

      La literatura no puede ser la encargada de luchar contra la barbarie, es la realidad la encargada de hacerlo. Quizá pueda funcionar como un condimento, un aditamento que ayuda a crear conciencia, pero es un coadyuvante, no la raíz real.

Un deber moral

Rosa Nissán (Ciudad de México, 1939) es una escritora que estudió periodismo en la Universidad Femenina de México. En 1992 publicó su primera novela: Novia que te vea. El libro aborda el tema sobre la integración cultural de las comunidades judías en México cuestionando el papel tradicional de las mujeres de esta religión, así como las costumbres y tradiciones de la comunidad sefaradí. Junto con la participación de Hugo Hiriart, la obra fue llevada al cine. A diferencia de los otros autores, la narradora piensa que el escritor sí tiene un deber moral por mostrar la barbarie que aqueja al mundo:

      Estamos invadidos por una tremenda violencia y creo que esos temas son inevitables, se deben de tocar. Claro, primero que nada desde el ambiente familiar y social. Yo sí me siento obligada a denunciar la discriminación y la violencia como escritora y como mujer que lo ha vivido en carne propia. Es terrible lo que estamos atravesando. Siento que ese ha sido mi tema: todo lo que escribo y publico es a partir de ello.

      Sobre la literatura como una forma de denuncia, Rosa Nissán no descarta su eficacia:

      Claro que puede servir, pero tiene que ser un conjunto. Primero que nada, la honestidad ante todo. Pero cuando uno está realmente furibundo, como yo, claro que es necesaria.



« Notimex »
No hay comentarios
Para publicar un comentario relacionado a la nota por favor llene todos los campos del siguiente formulario