Cristo mismo nos dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6); y por eso hay que ser prudentes en el juicio de las personas que hablan de ella.
Padre Juanjo.- Si una de las premisas del Cristianismo es "la verdad os hará libres" dicho por Jesús, parafraseando al filósofo chino Lao Tse, ¿por qué entonces se ha satanizado, a través del tiempo, por parte de los jerarcas cristianos a los hombres libres que difundieron y difunden la verdad, y a aquellos hombres de han buscado la libertad para la humanidad?
Ramiro Reyna Ph. D.
Estimado Ramiro.- Agradezco tu correo y las preguntas que me haces en él, todas son interesantes y de gran contenido, las contestaré poco a poco para que también otros los lectores puedan reflexionar en ellas.
Hablar de la Verdad, para la Iglesia católica, es hablar de algo divino. Cristo mismo nos dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6); y por eso hay que ser prudentes en el juicio de las personas que hablan de ella.
Aunque es importante reconocer que en algunas ocasiones se ha caído en excesos en los juicios hechos.
Desafortunadamente, en algunos momentos de la historia, se han cometido errores al etiquetar a personas que, con buena voluntad, han buscado compartir su pensamiento para ayudar a los demás a encontrar la verdadera libertad.
Es importante decir que esa triste situación del pasado, ha sido recapacitada por los Pontífices recientes.
El Papa Juan XXIII acuñó la frase: “Hay que buscar más lo que nos une, que lo que nos divide”.
Ciertamente algunos siguen pensando que la Iglesia se ha quedado estancada en los tiempos inquisitorios del pasado; pero en este punto es bueno recordar las palabras de Juan Pablo II, al inicio del nuevo milenio, en donde pidió perdón por los errores cometidos.
Existe un documento llamado “Memoria y Reconciliación” en el que se fundamenta lo escrito en este párrafo.
El mismo Pontífice, reconoció en diversas ocasiones la necesidad de reflexionar en los excesos pasados.
Sobre la Inquisición: en 1982 Juan Pablo II se refirió a los "errores de exceso" y en varias ocasiones ha condenado el uso de "la intolerancia y hasta la violencia en el servicio de la verdad" de los inquisidores.
Sobre el Holocausto: en 1997 expresó su pesar por las conciencias adormecidas de algunos cristianos durante el Nazismo y la inadecuada "resistencia espiritual" de otros grupos ante la persecución de los judíos.
En 1998 el Vaticano publicó un documento sobre el Shoah, palabra hebrea usada para el Holocausto, expresando pesar por los mismos problemas morales.
Sobre las Cruzadas: en 1995 caracterizó las expediciones armadas como errores. Alabó el celo de los cruzados medievales pero afirmó que ahora debíamos "dar gracias a Dios" por el diálogo y no recurrir a las armas.
Sobre los pueblos nativos: en 1985 pidió disculpas a los africanos por la forma en la que fueron tratados en los siglos recientes.
En Estados Unidos en 1984 pidió perdón por los excesos de los misioneros y en 1987 reconoció que los cristianos estuvieron entre los que destruyeron la forma de vida de los indios.
Sobre el ecumenismo: el Papa ha hablado en varias ocasiones del perdón mutuo entre las iglesias cristianas separadas.
En 1995, pidió disculpas "en nombre de todos los católicos, por los errores ante los no católicos a lo largo de la historia".
Sobre las mujeres: en una carta de 1995 que examinó brevemente la discriminación histórica de las mujeres, el Papa afirmó que dentro de los responsables se encontraban "no pocos miembros de la Iglesia", algo que lamentaba profundamente.
El Papa tuvo similares pronunciamientos sobre la esclavitud y el racismo, la cercanía con el poder político dictatorial, y hacia teorías científicas como las de Galileo, que fue condenado por decir que la Tierra giraba alrededor del sol.
En fin, considero que la mejor forma de enmendar un error es reconociendo y aceptando que en algunas ocasiones se cometieron injusticias con personas de buen corazón.
Cristo mismo nos invita a que no juzguemos de manera superficial, "No juzguen a los demás y no serán juzgados ustedes" (Mt 7, 1), sino que en verdad reconozcamos la riqueza espiritual del hermano y aprovechemos todo lo bueno que nos pueda ayudar.
Gracias a Dios, vivimos tiempos nuevos. El que una persona de la Iglesia exprese algún comentario de manera personal, no significa que sea el sentir de la Iglesia como institución.
Recordemos que así como existen personas fuera de la Iglesia, quienes imprudentemente emiten juicios temerarios, también las hay dentro de la Iglesia.
Por eso, pidamos a Dios nos conceda la gracia de saber escucharlo como es debido y transmitirlo conforme a su voluntad.
Dios les llene de bendiciones en esta semana.
P. Juan José Martínez Segovia.