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La cuenta seca
Lunes, 25 de Octubre de 2010

Antes de entrar en el tema del viaje espacial, deseo darle las gracias a los lectores que han seguido con interés mis lecciones de dinámica orbital –faltan algunas más–.

Rodolfo Neri Vela / Agencia El Universal.-Atinadamente, la Ing. María de Lourdes Salido de la empresa Satmex, Hermosillo, Sonora, me escribió recordándome que el Centro de Control que está en esa ciudad norteña también contribuye a monitorear la salud de cada satélite mexicano, además del centro que está en Iztapalapa y que mencioné en mi artículo anterior.

En efecto, olvidé incluirlo y rectifico dicha omisión a continuación. El centro de control en Iztapalapa fue el único que se encargó de vigilar a los satélites Morelos durante varios años, y no fue sino hasta que se instaló la segunda generación de nuestros satélites –llamados Solidaridad– cuando también se construyó un segundo centro de control –el de Hermosillo–, para mejorar, por triangulación, la precisión en la ubicación de los satélites mexicanos, optimizar el uso de su combustible y alargar la vida útil de cada uno.

De hecho, uno de sus directores, el Ing. Héctor Fortis, fue mi alumno en la Facultad de Ingeniería de la UNAM y yo le dirigí su tesis sobre comunicaciones satelitales móviles, hace como mil años.

También otro lector, en este caso anónimo –se hace llamar rocketscience–, comentó en la versión electrónica que los efectos norte-sur de deriva son de mayor impacto sobre el combustible utilizado que los de longitud a los que me referí en mi última lección; estoy de acuerdo con él, pero le recuerdo que el tema del artículo era explicar la deriva hacia los cementerios, y no sobre todas las perturbaciones que hay sobre cada satélite.

Los interesados en saber más al respecto pueden leer la página 57 de mi texto universitario “Comunicaciones por Satélite” –Thomson, México, 2003–.

En cambio, le hago saber a nuestro mismo experto lector rocketscience que los propulsores iónicos sí son útiles en los satélites modernos para determinadas correcciones, pero que la hidracina convencional también sigue siendo un combustible muy utilizado, como en el caso del satélite Intelsat 16, colocado en órbita en febrero de 2010.

El interesado en saber más sobre los propulsores iónicos y sus limitaciones actuales, también puede referirse a mi libro o a otras fuentes.

Bueno, regresemos a nuestro viaje espacial de 1985, el único en que un mexicano ha ido al espacio y representado a nuestro querido país.

Es costumbre de la NASA que dos semanas antes de la fecha prevista para el despegue de un orbitador, toda su tripulación se traslade desde Houston hacia el Centro Espacial Kennedy en Florida, donde se encuentra la plataforma de lanzamiento.

Es una visita corta, de sólo dos días, y nuevamente se regresa a Houston, para continuar su entrenamiento.

Durante esta breve estancia, se hospedan en el mismo cuartel general donde igualmente vivirán poco antes del despegue, días después.

De modo que, en nuestro caso, en aquella histórica y pionera misión de 1985, allí pasamos la noche y nuestra querida cocinera Rita y sus ayudantes nos sirvieron una espléndida cena.

Tuvimos teleconferencias con personal de la NASA, verificando el buen estado de la nave, el pronóstico del tiempo y muchos otros detalles.

Después nos fuimos a dormir, cada uno de los siete en su propia habitación, y al día siguiente –cuando nos despertaron- nos pusimos nuestros uniformes de astronauta, tomamos un ligero desayuno, bajamos por el elevador del edificio, y abordamos una camioneta que nos llevó a la plataforma de lanzamiento; todos los pasos eran tal como sucedería el día que realmente iríamos al espacio.

Cuando llegamos a la torre, subimos en un elevador hasta el puente o pasarela que se comunicaba con la escotilla –una especie de puerta redonda- del orbitador.

Desde aquella tremenda altura, la vista del cabo era maravillosa, verdaderamente magnífica; se podía apreciar la enorme extensión del centro espacial, plano y pantanoso, con árboles, canales y estanques y, un poco más allá, el inmenso mar.

Recargados sobre los barandales que rodeaban la parte superior de la torre, mis compañeros y yo exclamábamos asombrados, emocionados por ese panorama extraordinario, y poco después ingresamos a la nave… Les recuerdo la página oficial de la Agencia Espacial Mexicana o AEM: www.aem.gob.mx. El jueves y viernes de esta semana se realizará en la ciudad de Querétaro el primer foro de consulta de la AEM, con el tema de Desarrollo Industrial.

Tendré el gusto de asistir y presentar una ponencia, al igual que varios de mis colegas ingenieros y científicos, para contribuir en la definición del plan inicial de trabajo de nuestra agencia espacial. acuario1952@prodigy.net.mx

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