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Estaciones migratorias: una olla de presión


Publicacion:14-06-2019

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En los primeros cuatro meses de este año, el gobierno federal destinó 36 millones 907 mil 633 pesos para alimentos y servicios médicos.

TUXTLA GUTIÉRREZ, Chis./EL UNI.- La situación en las estaciones migratorias en el sur del país es un reflejo de la crisis migrante que se vive en México. En los primeros cuatro meses de este año, el gobierno federal destinó 36 mi-llones 907 mil 633 pesos para alimentos y gastos relacionados con servicios médicos de este sector, lo que no es ni de lejos suficiente. Las estaciones se encuentran desbordadas, en algunos casos hasta en 400%. Organismos humanitarios denuncian hacinamiento y pésimas condiciones de higiene, mientras que los migrantes piden a gritos salir. Este jueves, el quinto visitador de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Édgar Corzo Sosa, indicó que el flujo migratorio "sigue creciendo", pero no hay infraestructura ni personal con la preparación suficiente para atender o recibir a más personas. Explicó que en la Estación Migratoria Siglo XXI de Tapachula, Chiapas, diseñada para 960 personas, actualmente hay una población de más de mil 230 migrantes de varias nacionalidades. La Estación Migratoria Cupapé, en Tuxtla Gutiérrez, con cupo para 80 personas, la ocupan más de 400 (un sobrecupo de 400%) "que ni siquiera están dentro del recinto, sino en el patio. Ahí tenemos hacinamiento", expuso Corzo Sosa. El visitador de la CNDH sostuvo que aunque no disponía de la cifra específica del incremento de la migración, ésta "es muy fuerte", como lo ilustra la ocupación en Siglo XXI. En Tenosique, Tabasco, las cosas no son mejores. La estación migratoria, conocida como la 72, tiene capacidad para 70 personas, pero actualmente hay más de 250, muchas de ellas esperan y duermen en un patio, a la intemperie. Hombres, mujeres y niños, en su mayoría procedentes de Honduras, piden que las autoridades consulares de su país acudan en su ayuda para salir de lo que consideran una prisión.

La infraestructura

El Instituto Nacional de Migración (INM) tiene en el país 58 estaciones migratorias y estancias provisionales en 23 estados, de los que nueve son fronterizos: Baja California, Chihuahua, Coahuila, Sonora y Tamaulipas, en la zona norte, y Chiapas, Oaxaca, Quintana Roo y Tabasco, en la sur. El gasto en alimentación para migrantes alojados en las estaciones se ha disparado en los últimos 12 años. En 2007 el monto fue de 38 mi-llones 376 mil pesos, que se elevó a 213 millones en 2018, es decir, un incremento de más de 174 millones de pesos. Solicitudes de información hechas al INM detallan que tan sólo de enero a abril de este año, por el mismo concepto, se destinaron 27 millones 509 mil pesos. El instituto señaló que a todo migrante alojado en estas instalaciones se le proporcionan tres alimentos al día (desayuno, comida y cena), con menús que atienden la diversidad de nacionalidades e idiosincrasias de los extranjeros. El gasto por atención médica también subió. En 2007 fue de 866 mil pesos, mientras que en 2018 el monto aumentó a 3 millones 330 mil pesos. En este rubro, estadísticas del INM detallan que de enero a abril de este año se erogaron 30 mil 838 pesos en medicamentos; 22 mil 972 pesos, en el pago de atención médica, y 9 millones 344 mil 823 pesos, en traslado de migrantes. Sin embargo, ante el constante flujo migratorio, no es suficiente.

"Siempre vamos a tratar de cruzar, a la fuerza o como sea"

"Siempre vamos a tratar de cruzar, a la fuerza o como sea. Hay mucha gente que apenas sobrevive en Honduras", platica Andoni Gerardo Peralta, un migrante de 20 años que recién arribó a la posada de El Peregrino en Torreón, Coahuila. Han pasado dos meses desde que Andoni salió de San Marcos, Honduras, pero se enteró del acuerdo migratorio entre México y Estados Unidos, por el cual el gobierno mexicano enviará 6 mil elementos de la Guardia Nacional a la frontera sur para tratar de detener el flujo de migrantes. "No lo van a impedir. No se puede vivir en Honduras. Varios intentan luchar y luchar. No hay trabajo y hay mucha inseguridad", comenta sobre los argumentos que hay en su país para que la gente emigre. Andoni platica que en su pueblo, una zona campesina, los maras lo comenzaron a vigilar y un día le tomaron fotografías afuera de su casa. Le dio miedo y no supo qué hacer. Lo pensó unos días y decidió huir. "Hay muchas pandillas que traman y todo eso. Siempre me iban a vigilar y mejor me vine", menciona. Andoni, a sus 20 años, es la segunda vez que emprende una migración. La primera lo hizo a los 15, duró dos años en Houston, Estados Unidos, hasta que lo deportaron. Su madre, cuenta, está vieja y enferma y él quiere regresar para apoyarla. Asegura que se dedica a la albañilería, es carpintero, soldador y puede hacer labores del campo. La misma situación de inseguridad y amenazas de los maras llevó a Óscar Alonso Mateo, de 52 años, y a su hijo Óscar Manuel, de 16, a salir de Atlántida, Honduras. Ellos tienen un mes y 12 días en esta ciudad. Es la primera vez que salen de su país, pero cuenta el hondureño que los maras amenazaron a su hijo con matarlo si no se unía a sus filas. "Tomamos la decisión de salir de nuestro país y ver si podemos mejor salvar la vida. No quería una desgracia para él, me lo iban a liquidar", menciona Óscar, quien trabajaba en una empresa de palma aceitera. En Honduras dejó esposa y cuatro hijas. En Estados Unidos, Óscar tiene cuatro hermanos, le dijeron que lo apoyaban. "Es complicado dejar a la familia, pero a eso lo orillan", dice. Y asegura que mientras permanezcan esas amenazas, aunado a la falta de empleo, será el principal combustible para que los migrantes sigan cruzando y pasando por México. "Vamos para Piedras Negras. Todas las fronteras están complicadas, pero es la ruta que mis hermanos tomaron", menciona Óscar.



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