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Recibe Alejandra Ancheita doctorado honoris causa


Publicacion:25-10-2019

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La jurista reza que es necesario ver a México como lo es, una sociedad policultural

 

La jurista Alejandra Ancheita demandó a la comunidad mexicana sumar experiencias en derecho, pero sobre todo ver por la sociedad y respetar sus manifestaciones.

“Y es que si alguien me hubiera dicho hace veinte años, cuando concluí con mi Licenciatura en Derecho en la ciudad de México, que estaría esta noche con ustedes, recibiendo un Doctorado Honoris Causa de la Universidad París Nanterre, cuna del movimiento francés de mayo de 1968, no podría habérmelo imaginado”.

“Desde joven descubrí que la educación sería para mí lo que para muchas mujeres alrededor del mundo: una herramienta para la emancipación. Frecuentemente, era la primera chica en llegar a la escuela antes de que empezaran las clases, y en la facultad era casi siempre la última en irme. Hoy, como defensora de derechos humanos y como luchadora por la justicia social, es un gran honor estar con todas y todos ustedes, puesto que esto representa la posibilidad de que las personas defensoras de derechos humanos y nuestro trabajo sea reconocido tanto académicamente como internacionalmente”.

“Soy hija de una revolución similar en México, cuya generación luchó en 1968 por un país más justo y democrático. Es por esto que este reconocimiento significa tanto. Es el resultado de un trabajo colectivo: de mi familia, de mis colegas, de mis amigos y de, sobre todo, las comunidades que se encuentran de pie, enfrentan el miedo y defienden sus derechos humanos en el nombre de la justicia y la dignidad. Este honor nos recuerda que vale la pena seguir luchando. Gracias desde lo más profundo de mi corazón”.

Dicho ello la jurista reza que es necesario ver a México como lo es, una sociedad policultural.

“Querría también agradecer al Sr. Jean-François Balaudé, Presidente de la Universidad París Nanterre; mis colegas Doctores Honoris Causa 2019: Sra. Hustvedt, Sr. Souza Vieira de Oliveira, y Sr. Serebrennikov; así como todas las personas que están en este evento. También estoy profundamente agradecida a la Universidad París Nanterre por este honor”.

“El día de hoy, comparto este honor con las personas defensoras de derechos humanos; particularmente, con las mujeres. La lucha contra la injusticia está llena de peligros y dificultades. A pesar de esto, nuestros compromisos no me modifican: proteger la dignidad de las personas y de las comunidades; proteger nuestra tierra, territorio y bienes naturales; fortalecer los lazos colectivos y nuestras libertades; y reivindicar a las comunidades indígenas y agrarias, entre otros”.

Y es que las personas defensoras de derechos humanos como ella enfrentan a una narrativa dominante, aunque limitada, sobre el desarrollo. Esta narrativa, promovida por las corporaciones transnacionales y las elites, iguala progreso con globalización, financiación, consumismo y la extracción de recursos; sin embargo, hay alternativas que cuestionan este sistema y sus raíces.

“Todo poder conlleva resistencia. La resistencia es parte del tejido social, y permite la transformación de grandes poderes. La resistencia es también una condición para la democracia. Comunidades agrarias, pueblos indígenas, mujeres, grupos de la diversidad sexual, ambientalistas, sindicalistas y muchos otros grupos son las voces de la resistencia. Nos oponemos a esta visión cerrada del progreso que lleva a la destrucción de las comunidades, del ambiente y de las identidades; una visión que viola derechos humanos y que nos roba nuestra dignidad. Estamos convencidos y convencidas de que, en un mundo globalizado, vital y dinámico, pueden coexistir diferentes formas de vivir y de relacionarnos con nuestro ambiente. La globalización no debe llevar a una uniformidad, sino a una mayor conectividad”.

Dijo la jurista que las personas que resisten son frecuentemente olvidadas en los libros de historia escritos por aquellas personas en el poder. A pesar de esto, están aquí, vivas. Levantan sus voces para construir un mundo más justo enfrentándose a la opresión, a la desigualdad y a la violencia, atreviéndose a mirar a la historia desde una perspectiva distinta. Nunca paran de luchar para lograr el reconocimiento y garantía de los derechos humanos para sí mismos y mismas, y para las y los demás. Las personas que son olvidadas por la historia nunca desaparecen, realmente; en realidad, sus historias continúan transformando nuestro mundo, y el suyo también.

“Como Fundadora y Directora Ejecutiva de ProDESC, he sido tanto víctima como testigo de agresiones. He experimentado esta situación en más de una vez, enfrentándome a amenazas hacia mi persona y hacia mi familia”.

“En México, trabajamos con comunidades. Esto requiere de un esfuerzo colectivo, puesto que los riesgos son enormes. Esto es especialmente el caso para las mujeres defensoras. Con frecuencia, somos víctimas de situaciones como la invisibilizarían de nuestro trabajo, amenazas y violencia directa. En términos profesionales, las mujeres que exponen las injusticias y se enfrentan al poder, experimentan el peligro”.

Y es que desde pequeña entendió  los riesgos específicos a los que se enfrentan las mujeres, cuando nos atrevemos a cruzar la línea.

“Son mujeres quienes están exigiendo en estos momentos transparencia al gobierno mexicano, en búsqueda de las más de 35,000 personas desaparecidas en alguno de las más de 3,000 fosas clandestinas en este país”.

“A pesar de esto, las mujeres -especialmente cuando estamos unidas- somos capaces de transformar nuestras realidades y de redibujar o eliminar estas fronteras que se nos imponen. Nosotras sabemos que la alegría de ser libres siempre será mayor que el dolor que se nos infrinja por cruzar estas líneas”.

En ProDESC, todos los días preserva y  busca  la justicia y la dignidad, por lo que cita que no debemos perder de vista que en México, las comunidades agrarias e indígenas han sido tradicionalmente víctimas de injusticias económicas, sociales, laborales y ambientales causadas por las empresas, una situación que continúa a pesar del nuevo gobierno.

“Las comunidades se ven amenazadas por empresas que buscan tierra y recursos naturales para continuar su proceso de crecimiento. Estas compañías, provenientes del Norte Global pero también de países como México, tergiversan la ley a su favor, sobornan a autoridades y líderes locales, dividen comunidades, violan la reglamentación laboral, tachan a las personas defensoras de derechos humanos de “antidesarrollo”, generan alianzas con grupos criminales locales y, en algunos casos, fuerzan a comunidades enteras a desplazarse fuera de sus tierras”.

“La pobreza y la marginalización, especialmente en ciertas partes del mundo, resultan necesarias para que este modelo económico sea exitoso. Sin embargo, es precisamente en estas condiciones de vulnerabilidad que también pueden encontrarse espacios de esperanza. Desde allí, ProDESC apoya los derechos humanos colectivos de comunidades. Ésta es la historia no escrita; ésta es nuestra visión alternativa del desarrollo”.

Dijo que uno de estos espacios de esperanza que ProDESC ha promovido es el litigio estratégico preventivo, que implementamos en apoyo de la comunidad de Unión Hidalgo, Oaxaca, sobre la que me gustaría comentar brevemente.

Donde la comunidad se puso en contacto con ProDESC para obtener ayuda contra un parque eólico de la empresa Demex, filial mexicana de Renovalia Reserve.

“Este parque eólico fue construido a raíz de una serie de violaciones de derechos humanos, abusos y actividades ilícitas. La compañía prometió grandes beneficios que aún no se han hecho visibles. Sus desventajas, por otro lado, son muchas: los aerogeneradores están contaminando el suelo y generando contaminación acústica, y los parques eólicos han detenido la expansión de la comunidad, el libre tránsito de personas a través de las tierras comunales y el uso de la tierra para la agricultura y el pastoreo”.

“Esa historia se repite una y otra vez, estos parques se presentan a las comunidades con los argumentos de que se reducirán las emisiones de gases de efecto invernadero, se producirá energía limpia y se promoverá el desarrollo económico de la región. Sin embargo, al final las empresas han violado derechos humanos de las comunidades; principalmente, el derecho a la consulta y el consentimiento libre, previo e informado de comunidades indígenas”.

“Nuestra organización ha trabajado desde entonces con la comunidad a través de un enfoque preventivo: se fortaleció la colectividad, se restablecieron las instituciones agrarias comunales y se mejoraron los liderazgos de la comunidad”.

Reveló que los triunfos legales grandes o pequeños, pero sobre todo la cohesión que hemos logrado en las comunidades, nos llenan de valor y de ánimo para seguir trabajando, ya que demuestran que la resistencia y la lucha por la defensa de los derechos humanos pueden transformar el mundo. Si bien no es una tarea simple, unidos somos más fuertes y capaces de cambiar el rumbo.

En un contexto como el de México, donde la violencia se ha convertido en parte del paisaje, a veces lo más difícil es defender la alegría y proteger la esperanza. No podemos, sin embargo, conformarnos, ahora ni nunca, con una imposición semejante. El miedo no se puede convertir en el rector de nuestras vidas.

“Estamos conscientes de los problemas estructurales que tenemos que enfrentar, pero todos los actores debemos asumir nuestras responsabilidades. Por ello, quiero aprovechar para hacer un llamado a las empresas nacionales e internacionales, a empresarios y empresarias de todo el mundo, a llevar a cabo sus actividades con responsabilidad ética y apego irrestricto a la ley, a conducirse mediante el respeto a los derechos humanos y a generar un desarrollo que sea para todas y todos”.

“Ni México ni ningún otro país debe sostener una economía basada en violaciones a los derechos humanos; una economía que necesite de desplazamientos forzados, ecocidios y ataques a la vida e integridad de las personas para lograr un crecimiento del 2% del PBI. También quiero hacer un llamado enfático al gobierno mexicano, que asumió en 2018, para que cumpla sus promesas, restablezca el Estado de Derecho y combata la corrupción y la impunidad”.

Así es que invitó a que México debe proteger los intereses de los pueblos indígenas, de las comunidades y de grupos en situación de vulnerabilidad para restaurar el Estado de Derecho.

También, debe reconocer y proteger a las personas defensoras de derechos humanos para que puedan trabajar en condiciones de seguridad e igualdad. En este tema, como en otros, el gobierno mexicano tiene la oportunidad histórica para pasar de la retórica a la acción, y generar cambios reales.

“A las comunidades y pueblos de nuestro país, a los colectivos de trabajadoras y trabajadores, a las empresas y a la iniciativa privada, quiero invitarlos a construir el México en el que queremos vivir, a pensar en un futuro en el que ninguna meta esté construida sobre el dolor y el sufrimiento de otros y otras”.

“México puede vivir una nueva historia, pero necesita la cooperación de cada una de sus partes, particularmente de aquellas que detentan el poder: el Gobierno y la iniciativa privada”.

 



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