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Niños Héroes, entre la leyenda y la Patria

Los Niños HéroesLos Niños Héroes

Publicacion:13-09-2017

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Solamente murieron seis; pero los nombres de todos los defensores aún permanecen al pie del cerro, en el primer monumento que se levantó

México, DF.-Hacia las cinco de la mañana de aquel 13 de septiembre de 1847, se detuvo, por poco más de una hora, el bombardeo sobre Chapultepec. Desde luego, no es una tregua.

Las tropas estadunidenses avanzan sobre la fortificación del cerro: las fuerzas de Quitman, Pillow y Worth se precipitan sobre el bosque, intentando escalar las laderas del cerro.

La lucha por la ciudad de México se divide en dos frentes: sí, se ataca el cerro, pero la defensa de las garitas es, acaso, un episodio no suficientemente rescatado: San Cosme es defendida por las brigadas Rangel y Pérez y les costará a los estadunidenses tomarla; caerá hacia las 6 de la tarde.

La garita de Belén, el colegio de Belén de las Mochas y la Ciudadela, umbrales de la ciudad, son defendidos con fiereza y se combate en terrenos del pueblo de Romita, esa diminuta población que 170 años después aún existe y que forma parte de la colonia Roma.

Se pelea en la garita de Niño Perdido, y el siguiente capítulo será la resistencia popular, que se desatará cuando los gringos lleguen a la Plaza de la Constitución.

Pero allá en Chapultepec, la resistencia ha sido arrasada. Despedazado el batallón de San Blas, los jóvenes alumnos del Colegio Militar se aprestan a defender su escuela.

Su decisión los convirtió, en las décadas que siguieron, en un ejemplo edificante para millones de escolares mexicanos, y en uno de los temas recurrentes de las polémicas históricas, a las que somos tan aficionados.

Pocos fragmentos de la historia nacional tienen tanto arraigo en el sentimiento popular como la defensa del Castillo de Chapultepec, y, desde luego, los llamados Niños Héroes han sido ensalzados y señalados como el modelo de la juventud que está dispuesta a morir por su patria, si es necesario.

Alrededor de ellos se ha tejido una maraña donde se mezcla la historia, la leyenda, el infundio e incluso el chisme malintencionado y autodestructivo.

Solamente murieron seis; pero los nombres de todos los defensores aún permanecen al pie del cerro, en el primer monumento que se levantó en memoria de la defensa del Colegio.

 



« Redacción »
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